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Editorial
Honorables congresistas
Quien creyera que a pesar de tener ese sueldazo, frente a quienes ganan el mínimo o cuantías superiores, muchos padres de la patria poco o nada trabajan por el país.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 20 de Julio de 2022

Abismales diferencias como las de ganarse un congresista 34millones de pesos mensuales, con cuatro meses de vacaciones y otras prebendas –por encima y por debajo de la curul-, han deteriorado a lo largo del tiempo la imagen del poder Legislativo frente a los ciudadanos.

Quien creyera que a pesar de tener ese sueldazo, frente a quienes ganan el mínimo o cuantías superiores pero nunca similares a esas, muchos padres de la patria poco o nada trabajan por el país.

No van a las sesiones. Son campeones en excusas. Evaden la responsabilidad y tienen altos índices de ausentismo parlamentario, que es otro de los males que corroe los cimientos de la institución donde se formulan las leyes en Colombia.

El nuevo Congreso de la República, que se instala oficialmente hoy, tiene la obligación histórica de autorreformarse para enviarles a los ciudadanos el mensaje que han estado esperando, y es que en los pasillos del Capitolio Nacional por fin podría estarse leyendo la realidad del país y que la burbuja en que han vivido los legisladores, no va más.

Las ‘jugaditas’ y estratagemas de última hora para aplazar la urgentereforma al Senado y Cámara para empezar a sanar esos males que lo han venido aquejando, no pueden permitirse más, porque se ha notado que como el cáncer, la metástasis ya se ha tomado este problema.

Por ese motivo, los nuevos y repitentes congresistas deben darse la pela para sacar adelante la renovación en las costumbres parlamentarias en Colombia, con el fin de borrar muchos de los señalamientos -todos válidos-sobre el uso de esa investidura donde el ‘honorable’ queda en duda, ante señalamientos de llegar allí para enriquecerse, cometer actos de corrupción, ponerse al servicio de intereses oscuros y actuar solo al ritmo de la ‘mermelada’ o prebendas repartidas desde la Casa de Nariño.

Merecerán entonces que sus nombres queden grabados en mármol los congresistas que aprueben bajarse el sueldo al equivalente de 25 salarios mínimos y no los 37 que obtienen en la actualidad.

En Brasil esa medición llega a los 27 salarios mínimos, en Chile a 20, en Perú a 15, en Paraguay a 14, en Bolivia a 10 y en Argentina entre los 6 y 7, de acuerdo con los datos que se han conocido.

Pero igualmente es indispensable que vayan a legislar ahora del 20 de julio al 20 de diciembre y del 20 de enero al 20 de junio, o sea, que trabajen diez meses y no ocho meses, como sucede en estos momentos.

Si lo anterior ocurriera de esta manera, obviamente empezaría a advertirse que los miembros del poder Legislativo estarían interesados tanto en crear las normas necesarias para el manejo del país, como al ejercicio del control político sobre el desempeño del Ejecutivo, que es tan importante para la democracia.

De lógica que eso se configuraría como una cuota inicial de las tantas tareas pendientes que debe cumplir el Congreso de la República, en donde igualmente es urgente que la pérdida de investidura por no ir a debatir ni a votar ni a deliberar, sea realmente contundente y no una advertencia o amenaza parecida a la de un tigre de papel.

Ojalá que todo fluya por el bien del país que requiere una clase política interesada en el bien general y en la búsqueda de soluciones a la inmensidad de males acumulados en el tiempo, entendiendo, igualmente que el ser congresista no significa atornillarse allí durante años, porque también debe posibilitarse la fijación de límites para la permanencia en el Senado o Cámara.

¡Amanecerá y veremos! Ojalá que ahora sí se logre el recorte de sueldos y de vacaciones de los honorables congresistas. 

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