Salir a votar es la más saludable opción para la democracia en Colombia, porque aparte de fortalecerla, al ciudadano habilitado le da más vigor a su voz y ayuda a enfrentar el fenómeno de la abstención electoral.
Cuando las urnas se cierren y el Congreso de la República quede conformado, habrá que revisar el aparte de la participación contrastado con el censo de potenciales votantes.
Es importante hacerlo porque, por ejemplo, hace cuatro años en los comicios legislativos se registró una abstención del 51,25 por ciento.
Que más de la mitad del electorado no acuda a esta cita con la democracia, como sucedió en marzo de 2022, genera diversidad de hechos.
Entre ellos, que no sea tan fácil la renovación necesaria de la corporación legislativa, que aunque se escucha en las calles y otros escenarios que una acción de esas debe hacerse para oxigenar las instituciones democráticas, en el momento de la verdad no es tan fácil llevarla a cabo.
Esa franja hay que moverla y llevarla a que tome una decisión basada en el libre derecho al voto consagrado en la Constitución Política de 1991.
Quedarnos en casa no debe ser la opción ni tampoco emplear el tiempo en otras labores sino entregarle un instante a la democracia para mediante la expresión en las urnas imprimirle dinamismo a la democracia de nuestro país.
Para encontrar la salida a un problema como este, hay que tener presente si ese abstencionismo lo genera la falta de confianza en las instituciones, que para este caso en específico serían el Senado y la Cámara de Representantes.
Esos potenciales votantes con su actitud de abstenerse de marcar el tarjetón pueden estar enviando el mensaje de que el poder Legislativo no estaría realmente conectado con las necesidades y urgencias del pueblo colombiano.
¿Sería necesario que desde ambas cámaras dirigieran la atención hacia ese grupo para tratar de lograr una conexión real? Tal vez ahí radiquen parte de las opciones para la búsqueda de una mejor relación donde haya una especie de compromiso de parte y parte, con gestiones, leyes y procesos, de un lado, y la posterior mayor participación en las votaciones, pero todo esto blindado de las viejas prácticas politiqueras que también es requerido abolir.
La polarización que de acuerdo con los expertos también conduce a la disminución de la participación electoral y el desinterés político del ciudadano que no muestran afinidad ni identificación con los partidos y candidatos, conduce a este fenómeno.
Votar es la mejor forma de expresar inconformismo o de respaldar a sectores por su labor legislativa y la ruta para propiciar las acciones que conlleven la consolidación de las transformaciones que requiere el país en varios campos.
Para ir por la ruta hay que seguir la dirección señalada en el artículo 40 de la Constitución que contempla el derecho a elegir, para también derrotar a aquellos que han convertido la política en una fórmula para la búsqueda de poder a cualquier precio.
Si deseamos una democracia robusta, si queremos atajar la polarización y si buscamos que las entidades estatales de verdad estén al servicio de los colombianos sin distingo alguno, el voto es la manera de construir un escenario de esas características.
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