La Inteligencia Artificial y los montajes de noticias falsas utilizando ilegalmente los nombres de medios de comunicación, fueron las principales ‘armas’ de la guerra sucia desatada durante esta campaña para las elecciones de regionales.
Con el fin de tratar de influir entre los indecisos o de torcer a quienes ya tienen decidido a quién apoyar o para sembrar incertidumbre, se han hecho famosas las ‘encuestas manipuladas’ con resultados irreales, que nunca se hicieron pero que se lanzaron con propósitos tendenciosos.
En el mundo virtual el riesgo es que a veces lo primero que se lee en el titular o en la imagen que se publica es asumido por los usuarios como la última palabra y por esa debilidad en la redes es que los propagadores de datos inexactos y mentirosos hacen de las suyas, sin temor a nada.
Y ni hablar de la cascada de fake news en cuanto a retiros, investigaciones o presuntas acciones judiciales contra determinados candidatos etiquetadas como si hubieran sido publicadas en La Opinión o Q’hubo, que en la actualidad proliferan por las redes sociales.
Este es otro método perverso que deja sus secuelas, aparte del daño de primer impacto contra los objetivos escogidos para deteriorar su imagen, dañar su reputación y tratar de restarles potenciales votantes mediante la utilización de cargas de profundidad virtuales.
Cuando hablamos de secuelas, nos referimos a que todo esto ocasiona efectos colaterales sobre los medios cuyos nombres y símbolos son utilizados de manera ilegal por quienes desde las ‘fábricas’ o ‘bodegas’ lanzan la falsedad articulada de manera deliberada para que sea percibida como verdad, con un fin específico.
Contra esta oleada de bulos con el montaje de portadas, la defensa inicial es tratar de atajarlas señalándolas como falsas, pero evidente hace falta mucho por hacer desde la legislación y la ley, en los cuales hay un vacío.
Todo eso lo hemos notado con inusitada fuerza en Cúcuta y demás municipios de Norte de Santander, siguiendo la tendencia nacional, a la que se sumó otro elemento preocupante, la Inteligencia Artificial.
La andanada de campaña mentirosa ha contado con esta herramienta que permite hasta imitar la voz y difundir fácilmente audios que al parecer eran de periodistas, comentaristas o de algunos aspirantes, pero que después se detectaba que eran elaborados con la ayuda de la IA.
Lo ocurrido deja sobre la mesa la necesidad de un debate entre el Congreso de la República, el Ejecutivo, el poder Judicial, los periodistas, los medios de comunicación, la sociedad, los creadores de contenido, la academia y los expertos sobre la materia.
Ese análisis hay que darlo en el país, no solamente por lo que está ocurriendo, sino porque dicha operación tiende a extenderse a otros ámbitos de la vida nacional y local, con sus respectivos efectos negativos.
Todos los sectores mencionados deben estar en la discusión porque hay que tratarlo a fondo y en coordinación lograr ponerle un cerco jurídico y ético contra esta clase de noticias tendenciosas con un objetivo teledirigido, porque es indudable la preocupación por la falta de una legislación que las controle y herramientas que las contrarreste.
Pero hay que admitir que las normas y medidas que se construyan tienen que ser muy precisas y claras para evitar que al aplicarlas las zonas grises que queden permitan caer en la tentación de coartar, manipular o ponerle mordaza la libre expresión.
Sin embargo, lo cierto, es que sí hay que hacer algo y urgente contra esa clase de guerra sucia que no le hace bien a la democracia ni a la sociedad.
