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Editorial
¡A gobernar!
Ahora bien. Tienen toda la razón quienes desde esta parte del país recuerdan que ya se van a cumplir dos años de mandato y el balance de obras y realizaciones está lejos de las metas proyectadas en el Plan Nacional de Desarrollo conocido como ‘Colombia potencia mundial de la vida’.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 7 de Febrero de 2024

Dedicarse a gobernar y no enfrascarse en más enfrentamientos con los opositores, mantener el respeto sobre la separación de poderes y ponerle el foco a las regiones, es el pedido que desde Norte de Santander ha salido con rumbo a la Casa de Nariño para el presidente Gustavo Petro.

Ahora bien. Tienen toda la razón quienes desde esta parte del país recuerdan que ya se van a cumplir dos años de mandato y el balance de obras y realizaciones está lejos de las metas proyectadas en el Plan Nacional de Desarrollo conocido como ‘Colombia potencia mundial de la vida’.

Sería altamente benéfico para el país que como jefe del Poder Ejecutivo se dedicara a dirigir la acción del gobierno y a coordinar las funciones de los demás miembros del mismo.

Mal contadas, son 29 las funciones que le corresponden ejercer al presidente de la República, motivo por el cual podría decirse que menos Twitter o cuenta X y más acción, resultaría siendo la mejor estrategia para ejecutar sus políticas de cambio.

Al tener a su mando a los ministros de cada cartera, los directores de departamentos administrativos y varios superintendentes y funcionarios de libre nombramiento y remoción, es ahí donde se le plantea que lleve los hilos del gobierno a todos los rincones del país.

En lugar de esos ruidosos enfrentamientos de características mediáticas con la Fiscalía y la Procuraduría, cuyos desencuentros tienen mecanismos expeditos para ser tratados y superados y, no precisamente, desde los micrófonos ni por las redes sociales.

Como cabeza visible del poder Ejecutivo, lo que le corresponde al presidente Petro es trabajar por todos los colombianos, sin distingo de ninguna naturaleza, dejando a un ‘escudero’ de su gabinete encargado de defender al gobierno, al lado del respectivo equipo jurídico especializado, mientras él se dedica a hacer lo que le corresponde como jefe de Estado.

En ese listado de cuestiones urgentes para Petro figura: Alcanzar la anhelada ejecución presupuestal eficaz para que las inversiones cubran al país. Dar inicio a las obras prometidas y terminar las que están en marcha. Consolidar los planes expuestos ante las comunidades para que se puedan superar las brechas sociales y económicas.

Conservar en todo el territorio el orden público y restablecerlo donde fuere turbado, es una de las tareas para las que fue elegido y que aparece dentro de las misiones constitucionales que le corresponde poner en marcha.

Ahí radica una de las debilidades, puesto que la seguridad ciudadana está fracturada y volvió a ser uno de los tópicos que tuvo gran incidencia en las pasadas elecciones regionales.

La percepción y las mediciones de popularidad y de la efectividad del desempeño presidencial han estado siempre marcadas por el escepticismo ciudadano y la mayoría de las veces la calificación es a la baja.

Todavía se está a tiempo para que Petro enderece el rumbo y los colombianos encuentren que el presidente está dedicado a trabajar por ellos y no enfrascado en esas distracciones generadoras de desconcierto y de sensaciones de una falta real de gobierno.

La cura para lo que se ha dado por llamar “ruptura institucional” en Colombia se encuentra en algo muy sencillo: cumplir el ordenamiento constitucional y que cada uno de los poderes públicos cumpla a cabalidad sus funciones para lograr un mejor país para todos.


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