Debió ser el típico agarrón a gritos de las películas de Hollywood, en el que ambos dicen, de la misma manera, que el otro se vaya al diablo. En términos mucho más contundentes, claro, esos que reemplazan con el asterisco de la censura y la vergüenza. ‘Jódase usted; —no, jódase usted…’, pero en palabras de alto calibre.
Pero, sin duda, debió ser en inglés, que si bien el mexicano no habla bien, lo chapucea y se hace entender. En español el diálogo entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su colega mexicano, Enrique Peña Nieto (EPN), es imposible: para Trump, el único idioma posible es el suyo, como el suyo es el único país posible.
Este fin de semana, EPN y Trump hablaron —y gritaron— por teléfono, sobre el mismo tema de siempre: la financiación del muro divisorio entre México y Estados Unidos. Trump insiste en que debe pagarlo México porque sí, porque él así lo desea.
La charla estaba tensa, pero aceptable, hasta cuando Peña Nieto habló de su deseo de visitar a Trump, a quien le pidió no referirse públicamente a la financiación del muro. Entonces, Trump tronó, y en línea con sus modales, es fácil imaginar lo que le dijo al mexicano. Y más fácil de imaginar lo que EPN, iracundo, le respondió antes de tirar los teléfonos.
El problema del muro es que ninguno de los dos mandatarios puede permitir un ápice de ventaja en favor del otro.
Trump ganó las elecciones con la doble promesa de construir el muro, y de hacerlo con dinero mexicano. Y, a estas alturas, no puede dar un paso atrás, a riesgo de perder la poquísima credibilidad que le queda y de sentenciar el esquivo futuro del partido republicano.
Para EPN, la situación es similar. Viene de un año largo de críticas por haber invitado a México a Trump cuando era candidato republicano e insultaba al país y a los mexicanos cada que abría la boca. Así, EPN tiene que demostrar que no teme al monstruo del Norte, porque hacerlo significa contrariar a los mexicanos y a esa tan particular manera de enfrentar la realidad, golpes por delante.
También le cabe a EPN la responsabilidad de mantener después de la elección de julio a su partido, el PRI, en el poder, al que regresó a tronchas y a mochas luego de escándalo tras escándalo de corrupción de sus dirigentes.
México quiere la reunión, que podría darse el 23 de marzo en Lima, durante la Cumbre de Las Américas. Pero exige de Estados Unidos una condición que, como están las cosas, parece absolutamente improbable de cumplir: que durante la muy segura rueda de prensa Trump se guarde el tema del muro.
México pide garantías concretas de que así será, Estados Unidos le acepta la condición, pero con Trump no valen las garantías. Ninguna, y menos en temas que le causan sarpullido, como México, los mexicanos, el gobierno mexicano, los tacos, las tortillas, los fríjoles, los inmigrantes, los mariachis, los mestizos, el español…
¿Cómo hará Trump para no quedar mal con sus electores? Nadie lo sabe con precisión. Pero lo que es una verdad es que el muro no se construirá con dinero de México.
