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Editorial
Falta de seriedad
 Y ¿qué pasará si el pueblo no vota, o si los resultados terminan fortaleciendo la convocatoria de Maduro?
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 5 de Julio de 2017

Más la incoherencia que otras razones llevan a los partidos políticos y a sus líderes al fracaso estruendoso y a los pueblos a profundizar en su escepticismo natural. Pero, para mal de todos, la incoherencia parece ser característica ineludible en la política de esta parte del mundo, verbi gracia de Venezuela.

Quizás sea esa falta de coincidencia entre lo que piensan y declaran y lo que practican los líderes de la Mesa de la Unidad Democrática (Mud) es el factor que ha impedido que los venezolanos coronen su proyecto de sacar del gobierno al presidente Nicolás Maduro. Da a veces la impresión de que en la Mud juegan a cometer el máximo de errores en un tiempo determinado.

Dos son los objetivos fundamentales que, en el fondo, mantienen activa a la Mud: el deseo de sacar a Maduro y las ganas de cambiar la Constitución bolivariana y socialista que heredaron del presidente Hugo Chávez. Pero, en la práctica, parece que buscan lo contrario, es decir, que Maduro permanezca y que la Constitución siga existiendo.

Lo primero se deduce de los tumbos de la Mud tratando de agudizar al máximo las contradicciones políticas del país. La más reciente y grave de ellas, mantener en las calles a centenares de muchachos y activistas tratando de vencer a pedradas y gritos a una fuerza armada dotada de los mejores equipos antidisturbios.

Ya van 75 muertos en diversas circunstancias que la Mud asocia a su campaña contra el gobierno —fuentes vinculadas a la Mud dicen que son 107 desde el 1 de abril—, y Maduro sigue ahí, con el apoyo de la fuerza pública. El fenómeno de los llamados disidentes ocurre desde cuando Chávez asumió el poder, no es resultado de la presión callejera.

Las señales de desgaste se perciben más claras en la oposición, que mayoritariamente se concentra en sectores de Caracas, que no han podido ni de lejos paralizar a la ciudad. Es posible que muchos de los agitadores lo estén pensando dos veces antes de continuar en el plan de salir a hacerse matar, por muy convencidos que están de la legitimidad de su acción.

Sin embargo, una actitud de hace pocas horas, ha demostrado que la oposición de la Mud no es un asunto serio. 

Tan pronto como Maduro convocó a una Asamblea Constituyente, los líderes de la Mud de declararon opositores absolutos de la convocatoria y de la Constituyente, a la que declararon contraria a la Constitución y destacaron que no tomarán parte en ella. 

Pero, hace dos días, los mismos líderes convocaron a un plebiscito ‘para que sea el pueblo el que decida si rechaza o desconoce la Asamblea Nacional Constituyente (Anc) convocada por Maduro’. Solo que 12 días que faltan no garantizan nada en relación con la buena organización —imparcial, universal, transparente— del certamen.

Y ¿qué pasará si el pueblo no vota, o si los resultados terminan fortaleciendo la convocatoria de Maduro? ¿Qué hará la Mud? ¿Participará en las elecciones para la Anc o declarará equivocado al pueblo y desconocerá su decisión?

Decisiones como estas llevan a pensar que el juego en Venezuela es entre quienes, desde su falta de seriedad quieren gobernar, y un presidente y sus amigos, igualmente faltos de seriedad, pero quizás con algo más de coherencia.

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