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Editorial
Espacio público
La cuestión del espacio público debería tratarse de manera transversal frente a los demás temas de ciudad.
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La opinión
La Opinión
Jueves, 25 de Enero de 2024

La ocupación de calles y andenes por parte de ventas ambulantes se ha vuelto en Cúcuta un problema de nunca acabar y que está ligado a otros males estructurales y coyunturales que arrastra la ciudad desde hace mucho tiempo.

Por lo tanto, la cuestión del espacio público debería tratarse de manera transversal frente a los demás temas de ciudad, que de una y otra manera tienen que ver con este asunto relacionado con el urbanismo.

Lo que mandan los criterios de una urbe en que el ciudadano es el principal actor, es garantizarle que cuente con zonas específicas para su libre movilización como peatón y con lugares para la recreación y esparcimiento, dentro del necesario equilibrio del hormigón y las áreas verdes, tan escasas por estos tiempos.

Sin embargo, estos derechos que toda ciudad les tiene que ofrecer y garantizar a sus habitantes se ven afectados, precisamente, por los problemas relacionados con el desempleo, la informalidad, la migración, la violación de normas urbanísticas y la misma falta de cultura ciudadana de los cucuteños.

Luego se esperaría que el gobierno municipal, instalado el primero de enero, aproveche la oportunidad de tener presente esta cantidad de situaciones, para que realmente la planeación prime y se desarrolle una verdadera política pública, en coordinación con todas las demás entidades de la administración municipal.

Porque lo cierto es que eso no es un asunto solamente de la Secretaría de Gobierno, por ejemplo, puesto que de una u otra forma, hay que trazarse un proyecto de distintas aristas, que sean flexibles, para que se enlacen y vayan en coordinación con otras entidades locales, encaminadas al ordenamiento del espacio público y a su despeje, con planes ajustados que permitan que realmente el inconveniente vaya disminuyendo.

Datos de los censos que se han levantado indican que hay 3.700 vendedores informales en las calles, cifra que llama la atención en el sentido que correspondería solamente al centro, donde a simple vista y por la condición en que se encuentra, se advierte una alta densidad del problema.

Ese trabajo en llave requiere tener presente que no puede estar relacionada con la reubicación, porque ya hemos sido testigos de que unos se van del andén a un local o puesto en una edificación, pero después otros llegan a situarse en las áreas recuperadas.

Hay que esperar de qué manera se concretará lo expuesto por el secretario de Gobierno, Miguel Castellanos, en el sentido que esta administración no se cederá un centímetro más de espacio público.

Aunque es lógico que pasará mucho tiempo antes de que el actual paisaje de ocupación cambie, se necesita tal vez tener en cuenta ideas como la peatonalización de algunas calles, pero eso sí, con los vendedores ambulantes que actualmente se encuentran, sin aceptar ni uno más.

Esa sería una opción temporal de largo aliento mientras se van desarrollando las acciones destinadas a buscarles salidas sólidas para que la gente abandone la calle y consiga empleo por ejemplo, o vaya a la universidad o tenga una verdadera opción de transformarse como microempresarios.

Para lograrlo, ahí deben converger otros dos jugadores muy importantes: el Gobierno Nacional y el sector privado, con el fin de que entre todos se construyan las soluciones adecuadas, basadas en conjurar viejos inconvenientes, tanto socioeconómicos como de otra índole que han dado origen a las ventas ambulantes. 


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