Cuando se lee que aunque bajó el desempleo juvenil, en el área metropolitana de Cúcuta hay 20.421 desocupados, surge la pregunta sobre qué tendrán previstos los futuros gobernantes municipales de la zona para ayudar a cerrar esta brecha y vincular a los jóvenes al desarrollo local.
Es que no solamente el discurso se debe quedar en los enunciados de que este grupo poblacional es el futuro de la región o el estigmatizante, que los trata como generación de cristal o que apenas siguen siendo mirados como ‘ninis’ (ni trabajan ni estudian) pero nadie hace nada por sacarlos de ahí.
Lo importante es que quienes lleguen al poder local a partir de enero de 2024, conozcan que en el último año, la tasa de desempleo en los jóvenes pasó de 19,6% a 18% en los municipios metropolitanos, según la medición del DANE.
Eso les da un margen de maniobra para que en concordancia con el sector privado y el Gobierno Nacional dispongan unas estrategias que ayuden a seguir bajando este indicador.
Pero no es solo bajarlo con algunos mecanismos temporales que al culminar su fase de ejecución vuelvan a motivar que la desocupación en ese campo vuelva a crecer.
Los políticos deben entender que a la juventud no la pueden utilizar solo como bandera de campaña con promesas que la mayoría de las veces terminan en ilusiones que nunca aparecen y los terminan frustrando, porque en los planes de desarrollo poco y nada sobre este eje tan importante se hace para que tengan una real oportunidad.
Unas personas sin posibilidades de acceder a empleos y a la formación profesional o técnica, terminan quedando en riesgo del reclutamiento forzado por parte de los grupos armados ilegales, la drogadicción, la delincuencia, las economías ilícitas o el rebusque para tratar de encontrar recursos para su manutención.
Ofrecerles oportunidades reales dentro de los programas gubernamentales, profundizar el plan del primer empleo para los jóvenes y desarrollar otros esquemas en que los jóvenes sean el eje central, es fundamental.
Ahí tienen que entrar las universidades, las instituciones de enseñanza técnica y el SENA para que en conjunto con los empresarios de la región definan cuáles son esos renglones hacia donde se debe direccionar la educación para el trabajo.
Eso, por ejemplo para enfrentar la falta de mano de obra que en ciertas temporadas afectan a los sectores de las confecciones y del calzado y que en los jóvenes tiene una oportunidad especial para que se fortalezca.
En la construcción de ese modelo hay que hacer una gran coordinación, también, entre los municipios metropolitanos y la Gobernación de Norte de Santander para que la tasa juvenil de desempleo continúe descendiendo de forma estructural.
Es de esa manera que una política pública de empleo juvenil entre Cúcuta, El Zulia, Puerto Santander, Villa del Rosario, San Cayetano y Los Patios, es necesario que se conforme, habilite y ponga en marcha, puesto que así tendrán la alternativa de ocuparse para ir mejorando su futuro porque el empleo, el emprendimiento y una economía consolidada, ayudará a evitar los consabidos problemas.
Así que los jóvenes también tienen en este momento la opción de analizar muy bien a los candidatos y sus propuestas en que los tengan en cuenta, para de esa manera llegar a las urnas con un voto informado y así no tener arrepentimientos ni frustraciones posteriores.
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