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Editorial
El problema está aquí
Si se negó la situación del Catatumbo, ¿por qué esperar que en Bogotá cambien de parecer respecto de la inmigración masiva?
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Lunes, 7 de Mayo de 2018

Es probable que ahora sí el Gobierno nacional le preste a la frontera oriental la atención que merece y que no ha tenido, ni en este ni en anteriores ocasiones.

El hecho de que el expresidente del Gobierno español Felipe González haya dicho las mismas palabras que se han dicho desde la frontera, en el sentido de que, por ejemplo, los problemas derivados de la falta de implementación de los acuerdos de paz con las Farc son menores que el gran drama fronterizo, con su millón largo de migrantes venezolanos que no encuentran acomodo ni allá ni acá.

Ni acomodo, ni apoyo, salvo el que, con base en sacrificio de sus recursos, está brindando Colombia, a costa incluso del bienestar de sus propios ciudadanos.

La presión sobre el empleo por parte de miles de inmigrantes dispuestos a vender su fuerza de trabajo por cualquier dinero es ineludible para los patronos y contratistas, que ven en ellos la posibilidad de hacer grandes economías.

Esa tendencia ya se percibió en el alza en el índice de desempleo de marzo para Cúcuta, que ahora es la ciudad con más desocupados en el país.

Igual presión se ejerce en el sistema de salud pública, que por obligación de la ley debe atender todos los casos de urgencia que lleguen a sus puertas. Y, por lo menos en el Hospital Universitario Erasmo Meoz, están cumpliendo.

Decenas de madres venezolanas han dado a luz en ese centro asistencial, sin tener que pagar un solo peso. Así, aunque no les están quitando a pacientes colombianos la posibilidad de atención y prevención a que tienen derecho, sí están afectando los gastos del HEM, lo cual, a la larga, puede repercutir en la atención a los locales.

Los centros de salud viven copados por niños venezolanos en busca de las vacunas que en su país no reciben, por absoluta escasez de dinero para comprarlas.

Y en las escuelas, la situación es igual, aunque con agravantes como el que se plantea con los niños que viven en barrios junto a los puentes internacionales de cruce binacional. Mientras ellos deben caminar hasta sus escuelas, los niños que han llegado de Venezuela en busca de educación tienen transporte gratuito en los dos sentidos. El descontento colombiano por la inequidad es creciente.

En ese sentimiento de saber que el Estado trata mejor a los extranjeros que a los nacionales, llevó a que se suspendiera la entrega de bonos de alimentos del Fondo Mundial de Alimentos. “Si a ellos les dan, también a nosotros, pues también somos pobres y necesitados”, argumentaban quienes propiciaron desórdenes en los lugares donde entregaban los bonos: pobres, de los millares de pobres de Cúcuta...

González retoma afirmaciones planteadas desde esta región: “Creo que tiene más problemas hoy Colombia. Más que la implementación de los acuerdos, con el drama de 2.500 kilómetros de frontera”, dijo en coincidencia con los fronterizos.

Lo más complicado aún no ocurre. Pero ocurrirá, cuando la emigración sea la que se teme cuando la inestabilidad política venezolana estalle en un cataclismo, porque para allá va ese país, y para allá vamos los habitantes de la frontera.

Lamentablemente, no se pudo realizar el foro que se había programado en Cúcuta con los candidatos presidenciales, pues solo dos de ellos confirmaron su participación, De la Calle y Vargas Lleras, para analizar los problemas migratorios y del Catatumbo y oírles sus propuestas de solución. Ello hizo que se cancelara dicho debate.

Si se negó la situación del Catatumbo, ¿por qué esperar que en Bogotá cambien de parecer respecto de la inmigración masiva? Es muy probable que ahora que Felipe González lo expuso, el Gobierno priorice las soluciones que se necesitan en esta parte del país. Si no, apague y vámonos.

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