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Editorial
El oscuro panorama de Venezuela
Aunque el país lleva meses sumido en una profunda crisis de violencia, quién creyera que  hoy todo parece indicar que lo más grave, está aún por ocurrir en Venezuela. 
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Martes, 1 de Agosto de 2017

A escasas 24 horas de haberse conocido los resultados de la jornada de votación para elegir un grupo de constituyentes en Venezuela, el futuro del país se resume en una palabra: incertidumbre. 

Aunque muchos intuyen las implicaciones de lo acontecido el pasado domingo –en una elección con unos resultados por decir lo menos sospechosa a juzgar por las astronómicas cifras entregadas por el Consejo Nacional Electoral (CNE)–, quizás nunca antes Venezuela había enfrentado un panorama tan oscuro y complicado.

Los sucedido el domingo romperá en dos la historia del país, pues una vez elegidos los alfiles más radicales del chavismo como los encargados de modificar a su antojo la constitución, no habrá mucho que pueda hacer la oposición para detener el avance de una dictadura cada día más radical. 

Los constituyentes elegidos van a reestructurar el Estado y a redactar una nueva carta política que se consolide como  en el nuevo pacto social de Venezuela; un pacto social unilateral, que carecerá de toda legitimidad ante la ausencia de la participación de la contraparte. 

Aunque Maduro ha revelado algunos de sus planes con la constituyente, muchos desconocen cuánto va a durar esta figura, pues se sabe cuándo se instala, pero no cuándo desaparecerá. Tampoco se sabe a ciencia cierta hasta dónde podrá llegar ni qué hará. 

Entre los planes que ha mencionado el mismo presidente Maduro, se cuentan la reestructuración de la Fiscalía y la eliminación de la fiscal Luisa Ortega, hoy una de las voces más críticas del gobierno; también ha dicho que buscará acabar con la burguesía parasitaria, lo que permite vislumbrar un paso más en la radicalización del modelo socialista que ha venido implementando en el país, con las nefastas consecuencias ya conocidas. 

Pero lo más grave es que las libertades básicas de reunión y de expresión queden  definitivamente coartadas. La Asamblea Nacional, legítimamente elegida por el pueblo venezolano, probablemente será borrada de tajo al ser despojada de la inmunidad de la que legalmente gozan sus miembros, y las elecciones para elegir alcaldes y gobernadores quedarán en veremos: el chavismo es consciente de que no puede enfrentarse ante la oposición en una elección legítima, pues el rechazo del pueblo a su gestión y modelo es cada día más grande y evidente y la posibilidad de perder es inminente, tal y como ya sucedió en las lecciones de 2015, cuando la oposición se hizo a la Asamblea Nacional. 

Al rechazo de más de una decena de países ante la tragedia que está a punto de materializarse, se suman las sanciones impuestas ayer por Estados Unidos, al congelar las cuentas de Nicolás Maduro y al prohibir que ciudadanos o entidades estadounidenses puedan hacer transacciones con él; sanciones que si bien generan ruido para Venezuela, no tienen un verdadero trasfondo como podría tenerlo el bloqueo de la compra de Petróleo. 

Sin embargo, es menester que todas las naciones del mundo que han hecho público su rechazo a las cuestionables actuaciones del gobierno Venezolano creen un frente común que permita, de alguna manera, evitar la hecatombe para un país que muere de hambre ante la mirada inerme de las demás naciones. 

Aunque el país lleva meses sumido en una profunda crisis de violencia, quién creyera que  hoy todo parece indicar que lo más grave, está aún por ocurrir en Venezuela. 

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