En Colombia es costumbre preocuparse más por los problemas de los demás que por los propios. Algunos se hacen expertos en formular soluciones para todos los problemas ajenos, pero no les alcanza el cacumen para pensar sobre lo que hay que hacer acá.
Lo acaba de reconfirmar el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, quien en el Foro Económico Mundial (WEF) de Davos (Suiza) auguró el colapso inminente de Venezuela, mientras pedía un plan económico de urgencia para ‘el día después’, con participación de instituciones multilaterales como el Banco Mundial (BM) o el Fondo Monetario Internacional (FMI) y evitar que ese país se hunda más.
‘Tenemos rápidamente que volver a aprovisionar a Venezuela de productos farmacéuticos, dotar a las empresas en Venezuela de insumos y materias primas y eso no puede improvisarse”, explicó el muy preocupado ministro colombiano ante la prensa mundial.
No cabe duda de que la preocupación de Cárdenas es legítima y, sobre todo, fundamentada en una realidad de la que en Cúcuta no solo conocemos de cerca, sino que además sufrimos sus consecuencias, en una situación que se prolonga ya por dos años y en la que no hemos naufragado de milagro.
Es para resaltar, esta actitud solidaria del ministro Cárdenas a nombre del Gobierno nacional en lo que respecta con el futuro de Venezuela y su solicitud de ayuda decidida para cuando ocurra el colapso. Buenos defensores de oficio tiene el país vecino, excelentes padrinos.
Cúcuta no los tiene, a pesar de su situación crítica en lo económico, lo social, lo migratorio y hasta en lo político, y de que Cárdenas es ministro en Colombia. Es el típico personaje que es luz en la plaza y oscuridad en su casa. Como funcionario nada ha hecho ni por Cúcuta ni por la frontera. Nada más allá de lo que cualquiera puede hacer.
Pero ¿dónde está la política agresiva que permita el desarrollo industrial en la zona, única manera de combatir el desempleo y la informalidad, indicadores en los que somos reyes muy difícilmente destronables? ¿Cuál es el plan de urgencia para lograr que con la economía comiencen a arreglarse las cargas de los demás problemas? ¿Cuál es el tratamiento preferencial en materia tributaria, para esta región, marginada, olvidada, manoseada por los gobiernos, uno tras otro?
Imaginamos al ministro hablando en Davos: se le llenaba la boca diciendo que ‘550 mil venezolanos viven en Colombia, de los que 90 mil han sido vacunados y otros 20 mil atendidos en hospitales públicos’. Pero se olvida de que, al menos en Cúcuta, Villa del Rosario y Tibú, los hospitales y puestos de salud pasan afugias para responder a la creciente afluencia de pacientes venezolanos de todo tipo, y que ni siquiera suplicando llega dinero para compensar esos mayores gastos… Y esos recursos deben ser asignados por Cárdenas.
‘Todo esto se hace con un gran sentimiento de solidaridad, pero si se escala esta situación, va a generar grandes dificultades fiscales y grandes problemas”, advirtió Cárdenas, tan previsivo, metódico y detallista él respecto de Venezuela, pero tan displicente en lo que se refiere con sus paisanos de este lado de la frontera.
Olvida Cárdenas un sabio consejo: la caridad empieza por casa…
