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Editorial
El comienzo de la paz
En San Calixto, toda la comunidad, está comprometida en mantener la paz por siempre. 
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La opinión
La Opinión
Viernes, 5 de Enero de 2018

El fin de la guerra acordado con las Farc en La Habana ha comenzado a dar resultado en cuanto tiene que ver con la convivencia y la tranquilidad. El caso de San Calixto, en pleno Catatumbo, es más que ejemplar.

Durante muchos años, por acción de todos los actores de la guerra y de los delincuentes comunes, San Calixto —y en general toda la región— fue conocido en Colombia como un pueblo violento, inseguro, al que nadie quería ir ni de visita.

Hasta hace un año, era un escenario de guerra; hoy, es un remanso de paz y un ejemplo para toda Colombia. Toda la comunidad, comenzando por su alcalde, Yadil Sanguino, está comprometida en mantener la paz por siempre. Por ahora, al menos, llevan un verdadero récord: ¡un año sin homicidios!  

La nueva realidad comenzó en octubre de 2016. Después de muchos años de suspensión, por razón de la guerra y la violencia en general, el pueblo entero decidió reanudar sus fiestas anuales. Fue una especie de experimento que dio el resultado que esperaban y que desarmó muchos espíritus.

En ello tuvieron que ver dos factores fundamentales: el alcalde y la radio comunitaria Café Estéreo. El primero, con su manera de gobernar en consenso con todos los habitantes y en equilibrio con las organizaciones políticas y sociales, y la radio, por el proceso pedagógico al que se comprometió, basado en mensajes de convivencia dirigidos no solo a los habitantes sino a toda su audiencia.

Desde luego, la comunidad ha sido esencial para que San Calixto sea hoy, y ojalá por siempre, un pueblo donde la violencia, el dolor, la tragedia, las lágrimas y la muerte quedaron atrás, enterrados en lo más profundo de la historia negra.

Para el alcalde Sanguino, la apuesta de San Calixto es para “construir un municipio en paz, donde sea posible vivir como hermanos, sin hacernos daño... Es la semilla que estamos sembrando, para que cese el derramamiento de sangre”.

Lo que pasa en ese pueblo y en la mayor parte del Catatumbo es el primer gran resultado del fin de la guerra. No es la paz, pero sí es un acercamiento hacia lo que ella significa, y qué mejor que el compromiso corresponda a una gente que puso muchas víctimas para satisfacer la voracidad insaciable de la guerra.

Nos congratulamos con los sancalixtenses por sus logros, y los instamos a que persistan en el propósito de mantener el espíritu de concordia, en la seguridad de que es la única manera de dar el salto hacia adelante que la guerra y el delito impidieron dar. Hoy son, los de San Calixto, gentes nuevas para tiempos nuevos.

Desde luego, merece también reconocimiento el logro de otros 14 pueblos de Norte de Santander, que tuvieron el mérito de pasar 2017 sin homicidios: Cácota, Convención, La Esperanza, Cucutilla, Arboledas, Bochalema, Chitagá, Cáchira, Durania, Gramalote, Labateca, Pamplonita, Toledo, y Lourdes, en algunos de los cuales la violencia también fue pan casi de cada día.

Estas 15 comunidades están demostrando que es posible vivir en paz.

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