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Editorial
El buen camino
En Norte de Santander, la iniciativa privada está enseñando que es posible otro mundo mediante la educación.  
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Lunes, 9 de Abril de 2018

Comparada, por ejemplo, con la de Venezuela, de donde venían tropillas de jóvenes a estudiar a Ocaña, Pamplona y Cúcuta, la educación de Norte de Santander fue muy buena. Sin duda, ha desmejorado.

Perduran, sin embargo, algunos aspectos positivos, como algunos colegios privados que son ejemplo en el país, y que demuestran que todavía es posible hacer lo necesario para sacar al departamento de las modestas posiciones en que lo ubican algunas mediciones de su potencial.

El departamento debe liberarse de las ataduras que lo mantienen detrás de los demás, pero para lograrlo es indispensable dedicarle todos los esfuerzos que sea menester para darle a la educación los óptimos niveles que exige el mundo actual.

Hace pocos días, la consultora internacional Sapiens Research Group, dio a conocer su escalafón de mejores colegios colombianos, y en él, instituciones como Cambridge School (Pamplona), Gimnasio

Los Almendros (Villa del Rosario), Colegio Calazans y Colegio Santo Ángel de la Guarda (Cúcuta), ocuparon posiciones líderes en varias modalidades. 

El colegio de Pamplona es, por ejemplo, el mejor de Colombia en Ciencias Naturales, el tercero en lectura crítica y el séptimo en matemáticas y en Ciencias Sociales.

De los resultados se deduce una realidad dura: hay una muy seria deficiencia en materia de idiomas, concretamente de inglés. 

La falta de instituciones bilingües es una de las causas; el desinterés de maestros y estudiantes en torno de estos asuntos, es otra.

Pero, con base en los resultados, bien puede Norte de Santander emprender el camino de la educación de calidad, como única herramienta probada en los cambios que requiere no solo la sociedad sino el mundo.

Hay algo que de ordinario olvidan muchos gobernantes: invertir en educación es invertir en futuro. La generación que está hoy en las aulas estará mañana en el gobierno, y de esto nadie puede dudar.

Un ejercicio sencillo de investigar el pasado de la generación en el poder tal vez podría determinar que en su formación en la escuela —y desde luego en el hogar— hubo deficiencias de tal magnitud que cuando niños no supieron establecer con claridad la diferencia entre el bien y el mal ni se enteraron de lo que significan los valores y los principios.

Un niño sin educación es un niño perdido. Lo dijo John Fitzgerald Kennedy, antes de lanzar su programa contra la discriminación racial que mantuvo, durante decenios, a los negros lejos de las escuelas de calidad y de todas las posibilidades.

En Norte de Santander, la iniciativa privada está enseñando que es posible otro mundo mediante la educación. Esta es una excelente oportunidad para que los gobernantes tomen como ejemplo lo logrado por los cuatro colegios excelentes, y les dediquen a los oficiales los recursos que necesitan.

Y esa gestión pasa, desde luego, por la renovación del personal docente que no garantice que su trabajo califica bajo altos estándares de calidad. 

Al fin y al cabo, la buena educación requiere de buenos estudiantes —que lo son en la medida en que sus maestros lo sean, también—, buenos recursos (incluido el humano) y, desde luego, buenos programas.

Si la región es buena en educación, será mejor en todo. Hay que salir ya de los escalones bajos en todas las clasificaciones, no solo las educativas.

 

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