En el problema de la drogadicción hay mucho por hacer, entre otras cosas porque el famoso subregistro no permite tener una mejor e informada visualización sobre todas las aristas que lo conforman.
En ese sentido, en Cúcuta uno de los vacíos que se debe llenar es el ocasionado por esa falta de datos concretos y de hechos no registrados con la suficiente sustentación técnica y estadística.
Elaborar una especie de radiografía sobre el consumo de drogas prohibidas en la capital de Norte de Santander y el área metropolitana, es una cuestión de primer orden para la construcción de una política pública desde diferentes aspectos.
Resultan de la mayor trascendencia los contactos que hace la Secretaría de Salud del Municipio con el Ministerio de Justicia para avanzar en ese aspecto y así lograr contar con un plan estratégico integral contra ese flagelo en esta parte del país.
Es que para ello hacen falta muchas cifras verificables que concuerden con la realidad puesto que, por ejemplo, el universo de medición es muy limitado.
Nos referimos a que el observatorio de la Secretaría de Salud de Cúcuta frente a la situación del consumo de sustancias prohibidas indica que desde 2017, el acumulado hasta 2025 refleja un consolidado de 7.899 casos, de acuerdo con los reportes de las instituciones prestadoras de salud.
Tienen que ampliarse ese análisis hacia otros sectores y centros de atención sanitaria para lograr unos estudios completos que lleven a mejorar el conocimiento sobre la extensión del problema y sus amenazas.
Una de las cuestiones que se debe llevar a cabo consiste en elaborar un mapeo de las zonas de la ciudad y el comportamiento del consumo de las sustancias psicoativas, que permitan arrojar luces sobre la evaluación en las comunas y barrios. Saber cómo se afecta el individuo, las familias y comunidades, es otro punto que debería establecerse con el fin de llevar adelante acciones desde el campo de la salud, la psicología, la psiquiatría y la intervención interinstitucional.
También debe saberse y medirse el consumo de drogas no por vicio sino por razón de la parranda nocturna o de sentirse bien dentro de determinado grupo. Hacerlo sirve para establecer un seguimiento médico especializado a estos ‘consumidores de fin de semana’ que pueden llegar a quedar atrapados en ese mundo.
Profundizar en aspectos como el de niños que desde los 10 o 12 años que ya empiezan a tener contacto con el cannabis sintético, o cripi, es algo igualmente urgente, aspecto en el que la acción policial junto con la preventiva y la de salud tienen que actuar a manera de escudo para contener la drogadicción a temprana edad.
Hay también que detectar mediante esa clase de estudios cuáles son las sustancias de mayor uso por edades y en cuáles lugares, evaluando aspectos como el de las drogas sintéticas.
Resultaría, además, interesante establecer si en un departamento con altos niveles de producción de coca en la zona del Catatumbo, en Cúcuta cuál es el volumen o porcentaje de consumo de cocaína.
Ese gran diagnóstico sobre la drogadicción es urgente hacerlo en el área metropolitana para de inmediato avanzar en las medidas para hacerle frente.
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