Actúa como si la ciudad fuera su propiedad: abre calles donde le parece y cuando le parece —muchas veces a pocos días de haber sido pavimentadas— y en actitud que merece el rechazo general, deja durante largos días enormes zanjas abiertas y bloqueos en las vías, y ni siquiera ofrece disculpas por sus acciones.
Y, además, en su desdén, elude algo tan básico como las explicaciones que les debe dar a sus clientes, que somos todos en la ciudad. Y no ofrece disculpas a nadie…
Es como si para Aguas Kpital el orden, la limpieza y la movilidad de la ciudad nada importaran, como si Cúcuta fuera apenas un patio de prácticas para sus cuadrillas de obreros, todos expertos en romper las calles, pero ninguno en dejarlas como estaban.
En una iniciativa que se materializó el año pasado, el Concejo local aprobó un Manual de Roturas, es decir, un estatuto que indica cómo deberán actuar las empresas de servicios públicos y los particulares que necesiten romper calles para hacer instalaciones.
Pues, desde entonces, nadie cumple con lo estipulado en el manual. Y menos Aguas Kpital, que está generando un verdadero caos de movilidad en sectores claves de la ciudad, como los de la avenida cero con calle 11, el barrio Colsag y San Luis, donde por estos días han dejado obras sin terminar por varias semanas, que ocasionan serios transtornos en la libre circulación de personas y de vehículos.
Hace pocas semanas, el Concejo se llenó de quejas de ciudadanos cansados de tener que soportar la actitud de Kpital de abrir las calles y dejarlas así —llagas expuestas al sol y al agua—, condenando a todos a dar grandes rodeos para llegar a determinados lugares, con las consecuentes pérdidas de tiempo, de dinero y de buen humor.
Desde luego, la falla no es solo de Kpital y de algunos cuantos constructores que, al parecer por imitación, actúan de la misma manera. También lo es de Planeación y de todas las autoridades encargadas de sancionar estas conductas irregulares. Con ocasión de las quejas, el concejal Jaime Marthey señaló, con toda razón, que ‘Planeación está en mora de ponerse los pantalones y velar por el patrimonio de los cucuteños; tienen las herramientas legales para que imponga las multas correspondientes’. Pero no lo hacen.
Sin embargo, antes que apelar a sanciones, es mejor acudir a la comprensión de las directivas de Aguas Kpital, para que entiendan y acepten que ni su empresa ni sus acciones pueden estar por encima de las normas legales, y que se den cuenta de que la imagen que están generando entre las gentes no es, ni de lejos, la de una compañía amable, respetuosa de normas, usos y costumbres, y preocupada por el bienestar de la comunidad.
Si no, ¿de qué sirve, a la ciudad y a la compañía, enunciar el segundo de sus objetivos de ‘Cumplir con los compromisos contractuales, las normas legales y las adoptadas por la organización’?
Nadie discute la importancia del servicio que presta Kpital. Pero tampoco se puede poner en discusión la obligación que tiene de que su trabajo sea completo, lo más rápido posible sobre todo cuando se desarrolla en ciertos puntos críticos para la movilidad de la ciudad y a satisfacción de todos sus clientes. Al fin que para eso pagan sus usuarios que somos todos.
