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Editorial
De nuevo el peligro
El problema para el mundo es qué hará Trump ahora que rompió la tarjeta de invitación a la reunión con Kim.
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Jueves, 24 de Mayo de 2018

Las amenazas de Donald Trump —que atemorizan a muchos, menos a los que el supone son el objetivo de sus discursos—, en pocos segundos regresó al mundo al terror que generan palabras como guerra atómica.

El nacionalismo exaltado, esgrimido por Trump para justificar la expansión agresiva y casi siempre violenta de Estados Unidos, a costa de otros países, por esta vez le sirvió para ponerle los pelos de punta a Corea del Sur y al vecindario cercano a la península de Corea, pero no hizo la menor mella en Corea del Norte, cuyo líder, Kim Jong-Un no parece comer cuentos de vaqueros.

Cancelar de manera abrupta una reunión que estaba prácticamente con los asistentes en la antesala, confirmó que el gobierno de Trump atraviesa por una larga etapa de resultados nulos que, fiel a su retórica, el mandatario de Estados Unidos intentará matizar con su largo inventario de chistes flojos y comentarios hirientes.

El problema para el mundo es qué hará Trump ahora que rompió la tarjeta de invitación a la reunión con Kim, porque la anterior política de ‘máxima presión’ sobre Corea del Norte quizás y no sea eficaz. ¿Buscará, entonces, la vieja fórmula militar de provocar hasta lograr una respuesta que justifique el escalamiento bélico?

Si encuentra el papel con esa fórmula, el mundo empezará a correr locamente hacia la catástrofe atómica, porque, aunque se sospecha, nadie tiene certeza de la verdadera realidad nuclear de Kim, como sí se tiene de las consecuencias que todo el episodio de cancelación está desatando en Corea del Sur, Japón y otros países amigos de Washington. En Corea del Sur, por ejemplo, deben estar pensando que en realidad nada significan para Estados Unidos, que así los expone y los arriesga.

Sin duda, Kim sospechaba de la decisión de Trump, y se preparó: invitó a un grupo de periodistas internacionales para que presenciaran el desmantelamiento y la destrucción de su centro de pruebas nucleares de Punggye-ri, como un gesto de buena voluntad en relación con la cancelada reunión cumbre de Singapur.

Desde luego, todo fue un show en el que, si acaso, fueron destruidos algunos andamios y equipos falsos. Kim será joven y en apariencia inexperto, pero no tonto.

En el juego de la política internacional, el ‘rocket man’ coreano, parece haber sacado provecho de los acontecimientos de las últimas semanas: se acercó tanto al presidente de Corea del Sur, Moon Jae-In, que este duda entre si guardarle  lealtad y amistad a Estados Unidos, como hasta hace poco, o considerar al vecino del norte como su mejor amigo… y casi hermano.

Significa que Corea del Norte está ahora mucho más integrado que nunca a su región natural, en la que fue menos que un paria durante 63 años años. Ahora ya no es posible aislar de nuevo al gobierno de Pyongyang.

En todo caso, la posición de Washington en la península de Corea se resiente, y será necesario que, a la mayor brevedad, Trump la recomponga, a riesgo de que China, que está detrás de Kim, capitalice el impasse dejado por el aplazamiento.

Mientras en el próximo paso de Trump no haya ruido de fusiles, la esperanza de que la tranquilidad perdure en medio de la tensión será real.

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