¡Volvió a caer! Lástima que esa frase no sea para anunciar el sostenido descenso del desempleo o la caída pronunciada de la informalidad, males con los cuales pareciera haberse acostumbrado a vivir la capital de Norte de Santander. Pero no. Se trata de la reincidencia en la figuración dentro de un deshonroso listado del que la ciudad había logrado salir. Cúcuta figura en el puesto 48 dentro de las 50 más violentas del mundo.
Los 276 homicidios registrados en 2016 la volvieron a poner en ese grupo que encabeza Caracas con 4.308 asesinatos.
Aunque suene repetitivo, esto debe servir de llamado de alerta a las autoridades municipales, departamentales y nacionales, porque aunque la inseguridad requiere para su combate un alto componente de acciones policivas, no es menos cierto que llegó el momento de hacer más contundentes las determinaciones políticas, sociales y económicas para erradicar los factores generadores de violencia.
El desempleo, la pobreza y la informalidad, de los cuales Cúcuta ha permanecido por mucho tiempo en el podio, lo mismo que la iniquidad social, son claramente los enemigos a vencer porque, indudablemente, sirven de caldo cultivo al fortalecimiento de la delincuencia común y organizada que tiene ahí una cantera para acrecentar sus filas.
Entonces, llegó la hora de impulsar una gran iniciativa local con la participación nacional y regional encaminada a darle un vuelco a esta capital fronteriza. ¿Será que la salida es convertirla en ciudad-región? Si eso así, no hay que darle vueltas al asunto y poner manos a la obra.
¿Y dónde dejamos la industrialización? Si es factible que Cúcuta vuelva a tener industrias, como las tuvo en el pasado, pues debe empujarse con vigor y sin tardanza esa posibilidad, porque de verdad que la masa de desempleados no puede permitirse que siga creciendo sin darle una válvula de escape. Lógicamente que tienen que crearse las condiciones para atraer a los inversionistas.
¿Y el turismo no es acaso la apuesta?, si es así, entonces trabajar con fuerza en ese frente y definir rápidamente todo lo que se viene planteando, porque debe insistirse, lo que pasa en la ciudad ya no da más tiempo de espera para solucionarlo.
¿Y mejoramiento de la calidad y la cobertura educativa?, sí señores, este también es un asunto de la mayor trascendencia con el fin de ofrecerles a los potenciales industrializadores una fuerza laboral de altas capacidades y a esos trabajadores unas alternativas formales de empleo bien remunerados.
Paralelo al cierre de esas brechas, es fundamental la profundización de las tareas encaminadas a que la legalidad establezca su imperio en la ciudad, que el combate al contrabando tenga mayores niveles de rigor y que la Fiscalía General de la Nación, como lo ha hecho en otras ciudades, también golpee a la corrupción que en Cúcuta ha tenido mucho impacto.
Ojalá que en la próxima medición que se haga sobre las urbes más peligrosas del mundo, Cúcuta vuelva a salirse, pero no porque otras capitales le quitaron el puesto, sino porque empezaron a verse los resultados de una ciudad que ya se bajó de los primeros lugares de desempleo, pobreza e informalidad, que son los nutrientes de la violencia.
