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Editorial
Conclusión, todos roban
 No hay una sola dependencia oficial que escape a este problema de la corrupción. 
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La opinión
La Opinión
Viernes, 26 de Enero de 2018

Lo afirma el Contralor General de la República, Édgar Maya Villazón, y es  una gran verdad: ‘Colombia no pude seguir en esto’.

Esto llama el Contralor a la monstruosa e inconcebible corrupción que devora al país a razón de 50 billones de pesos por año, lo que es lo mismo, el 21 por ciento del presupuesto del país.

A pesar de que nada más imaginar la cifra causa mareos, lo peor de lo que el contralor sostiene es que la corrupción afecta ‘desde la más modesta Inspección de Policía hasta el más alto cargo del Estado Colombiano’.

Y no hay una sola dependencia oficial que escape a este problema de la corrupción. ‘Ninguna’, se esfuerza el contralor por señalar. ‘No hay excepciones…’

Y tiene que ser así, pues de 50 billones de pesos no dispone cada año ninguna dependencia en solitario. La corrupción es un fenómeno generalizado, pero tiene en el sector público el caldo de cultivo ideal para desarrollarse con el vigor que tiene…

En realidad, ese fenómeno es una cultura que ha permeado todos los sectores de la sociedad colombiana, predispuesta ya por la distorsión ideológica de lo que se consideran valores generada por una guerra de casi 60 años.

En las dependencias públicas —a esto no es ajeno el sector privado—, el ‘todo se vale’, fundamento no escrito de la falta de principios de una buena parte de la sociedad colombiana, se complementa con el ‘todo se puede’, que orienta el manejo corrupto de la cosa pública.

Y todo, dentro de un marco en el que nadie ve ni oye ni habla, una realidad que permite que todo caiga en el hoyo negro de la impunidad, en el que las sanciones no existen y las responsabilidades se diluyen muy rápida y definitivamente.

Ya ni siquiera vale la pena especular con todas las cosas que se pueden hacer con 50 billones de pesos, pero es seguro que este sería un país muy diferente, lejos del que hoy es, si pudiera disponer de las millonadas que se roban los funcionarios.

Que no se conozca de investigaciones en Cúcuta y en Norte de Santander, no significa que esta región esté libre de pecado, exenta de responsabilidad en el robo de tantos y tantos millones.

Acá también hay corrupción y corruptos, y también hay impunidad, y por la vía de robar al Estado se van millones muy valiosos que hacen falta para darles a los ciudadanos el mundo mejor por el que votan cada que se puede.

A Maya, el control de la corrupción le parece fácil, gracias a las virtudes del mundo digital y de la información en línea. ‘La auditoría en línea es una manera de acceder a las pruebas y los documentos con transparencia, y hay que aprovechar esa tecnología’, dice.

Pero olvida que los acuerdos entre los funcionarios y los beneficiados con los contratos se dan mucho antes de que se abran las licitaciones en las que, además, todo está hecho a la medida del único licitante, siempre amigo del funcionario. Así, otorgar la licitación es un mero formalismo para satisfacer contralores y veedores.

Otorgar un contrato a un plazo extremadamente largo de ordinario contiene cláusulas no escritas según las cuales el otorgante ganará un buen dinero mensual de las utilidades del contratista. Si Maya mira por allí, encontrará mucho más de lo que dice haber descubierto.

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