Contundente lo expuesto por el alcalde de Bucaramanga, Juan Carlos Cárdenas, cuando presentó la Cátedra del agua: “sin Santurbán, la ciudad no sólo vería afectaciones en la calidad, continuidad y cantidad de agua, sino que, además, sufriría una desvalorización histórica”.
A esa iniciativa que gira en torno a la defensa del páramo y de crear las condiciones para que la ciudadanía sea consciente del vínculo entre agua, vida y territorio, recientemente se unió Cúcuta, en desarrollo del hermanamiento de ambas ciudades capitales.
Y algo parecido a lo dicho por Cárdenas le puede llegar a ocurrir a Cúcuta y a los demás municipios de los dos santanderes que dependen de la ‘fábrica de agua’ que últimamente ha estado en boga como consecuencia de los peligros inminentes que corre.
Por un lado está la insistencia para buscar el licenciamiento que le dé luz verde a la explotación de más de 9 millones de onzas de oro y por otro los riesgos generados por desastres como el reciente incendio que afectó a un vasto sector paramuno.
En medio de las deliberaciones se advierte que el proyecto minero planteado tendría, inicialmente, 2.000 metros de largo, 900 de ancho y 780 de profundidad lo cual añadido a los túneles implicaría un severo impacto al equilibrio, a las fuentes de agua y al ecosistema de montaña.
Por algo será que el Comité de Santurbán ha indicado que se perjudicarían 457 tipos de plantas, 201 tipos de aves, 58 tipos de mamíferos y 17 tipos de anfibios y reptiles.
Pero dos millones de personas, que es la población que toma el preciado líquido nacido en el emblemático páramo, quedaría en una serios problemas para seguir obteniendo el recurso hídrico.
Por esa razón no es descabellado que se pueda llegar a una situación de no retorno que significaría una tragedia sin precedentes para nuestros ciudadanos, sus propiedades y empresas, porque el desarrollo en esas condiciones sería inviable en toda la zona.
Nada menos que eso podría llegar a significar que se diera el ‘éxodo por el agua’ como a veces vemos en las películas apocalípticas y cuyas escenas y pasajes parece que ya no están lejanos, y sirven para advertirnos que en cualquier momento la realidad puede llegar a ser la que se mostraba en esos trabajos cinematográficos.
Resulta trascendental que las alcaldías de las capitales de Santander y Norte de Santander desde esta Cátedra hagan tomar conciencia tanto a la ciudadanía como al Gobierno Nacional de lo vital que es conservar y preservar un recurso finito como lo es el agua.
El Congreso de la República es fundamental que se ponga del lado de la gente y entienda que todas las veces abrir una montaña para extraerle la riqueza minera y generar unas regalías que en poco tiempo se acaban, no es la manera de generar el desarrollo, porque de qué sirve que brille tanto el oro si por los grifos no vuelve a salir agua y la sequía y la sed son las cicatrices finales que dejaría la megaminería de esta naturaleza.
Esa unidad es fundamental para salvar la región y para que los ríos, quebradas y lagunas pasen a ser objeto de una seria política de descontaminación y de planes de reforestación y de cuidado real de cuencas, nacientes y humedales. ¡Pero de verdad¡
