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Editorial
Caso de Kevin prueba el caos de la salud
Hoy, la percepción que recorre el país, es que lo mismo que le sucedió a Kevin-quien además fue revictimizado- les puede suceder a los niños y adultos por la crisis que corroe a la salud. 

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La opinión
La Opinión
Jueves, 19 de Febrero de 2026

¿Cuántos Kevin más deben morir para que el sistema de salud en Colombia deje  de ser un peligro -contradictoriamente- para la vida y la integridad de los pacientes?

El estado de cosas en ese servicio esencial se encuentra tan deteriorado que según la Liga Colombiana de Hemofílicos es la primera vez, hace más de veinte años, que se presenta una muerte por la falta de medicamentos.

Eso le sucedió al pequeño Kevin  Acosta y como él hay otros 40 en su misma condición solo en el caso de la Nueva EPS, a quienes tampoco les ha suministrado la medicina requerida desde diciembre del año pasado, aparte de que hay otros cincuenta que ya han empezado a tener complicaciones porque tampoco han recibido la medicina, dice la agremiación. 

Se trata entonces no de un simple hecho generado momentáneo o de algo circunstancial provocado por un accidente fortuito ni mucho menos por  culpa del niño o de la familia. 

¿Recuerdan a las señoras de camisa amarilla marchando por las calles de Cúcuta o algunas de ellas encadenadas? Ellas son madres y familiares de menores de edad con autismo, síndrome de Down, discapacidades visuales y enfermedades huérfanas, entre otras condiciones con diagnósticos y tratamientos especiales. 

Luego no es un incidente aislado lo ocurrido con el niño Kevin Acosta,  puesto que se venía incubando como consecuencia de la metástasis de un sistema al que ya no le cabe un problema más ni soporta una falla más.

El Estado le falló a Kevin, quien habría podido ser un profesional, un empresario, un padre de familia desarrollado sus sueños futuros.  Su memoria debe servir para reclamar la urgente puesta en marcha de un programa de salvamento o plan de choque del servicio de salud en el país, que el año pasado registró 300.000 tutelas para reclamar ese derecho.

En ese sentido, diversas organizaciones plantearon que deben ser medidas concretas y verificables para garantizar la continuidad en la entrega de medicamentos y tratamientos, el saneamiento financiero en el sistema, la protección de la infraestructura en salud y condiciones de ejercicio digno para el talento humano en salud, frente al cual reiteramos nuestra disposición para aportar técnicamente en su construcción e implementación.

Está obligado el Gobierno nacional a hacerlo porque la cruda realidad le está mostrando que el desastroso cuadro de enfermos inadecuadamente atendidos se está pagando  con la irreparable pérdida de vidas humanas.

Kevin debe ser también el referente para que le pongan orden al suministro y entrega de los medicamentos, que en su caso específico fue uno de los generadores directos de su posterior fallecimiento y que desde hace mucho afecta a miles de usurarios afiliados a las distintas EPS.

Tal vez no dejando apagar la tragedia del menor, cuya existencia se extinguió cuando apenas tenía siete años, se  logre un estremecimiento en la sensibilidad de quienes son los responsables de aplicar las políticas públicas en ese campo.

Este fatal desenlace que cruza los sentimientos de la indignación y el dolor, reitera la tragedia que envuelve a la salud de  los colombianos, quienes de una y otra manera sufren por las profundas deficiencias de este  servicio que sin temor a equivocarnos padece la peor de sus crisis de todos los tiempos.

Hoy, la percepción que recorre el país, es que lo mismo que le sucedió a Kevin-quien además fue revictimizado- les puede suceder a los niños y adultos por la crisis que corroe a la salud. 


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