Los organismos de control, como la Procuraduría, deben ponerse las botas para ir a determinar lo que provocó la avalancha en la provincia de Ocaña, puesto que los rumores que ha dejado el deslave es que pudiéramos estar ante un desastre suficientemente anunciado y advertido.
Eso hay que precisarlo, aclararlo e investigarlo, señalar responsables, si es que los hay, y proceder a actuar de acuerdo con las normas porque la región merece respuestas en este caso que no se saldó con muertos porque los pobladores de los lugares impactados se salvaron milagrosamente.
¿Existía algún sistema de alertas para avisarles a las personas que evacuaran? ¿Qué se hizo para mitigar el riesgo de ocurrencia de esta avenida torrencial en la parte alta de Villa Caro? ¿Por qué no se drenó a tiempo una laguna que se formó en la vereda El Molino? ¿Por qué no hubo evacuación preventiva?
Los anteriores interrogantes deben ser respondidos sin evasivas ni disculpas, y también deben servir para profundizar si es que hay un teléfono roto o una desconexión entre el gobierno del presidente Gustavo Petro y la Gobernación de Norte de Santander, porque Gestión de Riesgo departamental debió acudir a la Procuraduría para pedir que se evacuara en helicóptero a decenas de damnificados.
Entre tanto, al seguir la línea del tiempo sobre el deslave de la semana pasada, todo se remonta al 10 de noviembre del año pasado, es decir hace ya siete meses, cuando un deslizamiento de tierra les cobró la vida a los cinco miembros de una familia y se convirtió en la génesis de la última avalancha por el represamiento de agua en territorio villacarense.
“Las lluvias hacen temer una nueva tragedia en Villa Caro”, tituló La Opinión, el 15 marzo en una nota en que se lee la siguiente queja de la comunidad: “en esos días mandaron geólogos, vino un señor con un dron para hacer la inspección en la zona de desastre y esos fueron puros pañitos de agua tibia, nunca más volvieron por acá”.
Y las versiones de tragedia anunciada cobraron más fuerza después de la caída de la masa de lodo sobre la que un campesino que se había salvado de la tragedia del 10 de noviembre dio la alerta de evacuación por radioteléfono. ¿Qué hubiera pasado si a él no le hubieran avisado de la creciente súbita desde lo alto de la cordillera en Villa Caro?
No es cacería de brujas ni nada por el estilo, sino una misión que debe llevar a despejar dudas sobre los acontecimientos previos al gigantesco desprendimiento de lodo y piedras que afectó hasta la carretera a la Costa Atlántica que ha permanecido cerrada, debilitando aún más nuestra Infraestructura vial.
Dejar sin averiguar hasta las últimas consecuencias, convertiría a este hecho en una caja de Pandora abierta que a futuro podría desencadenar en millonarias condenas contra el Estado, por parte de quienes todo lo perdieron.
Luego la justicia administrativa y la penal tienen ahí un asunto para actuar y dilucidar si hubo negligencia por parte de los organismos gubernamentales o si es que el sistema de gestión de riesgo que tenemos es muy débil y sus falencias fueron dejadas en evidencia por este fenómeno natural.
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