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Editorial
Así es la realidad
La actitud del exguerrillero y facilitador del diálogo, coincide con el ambiente de repulsión que generan Ascamcat y Coccam en el Catatumbo.
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Viernes, 3 de Noviembre de 2017

Ni el más optimista hubiera imaginado lo que ocurrió durante la negociación del paro cocalero del Catatumbo en la Gobernación.

La solución vivo de donde menos se esperaba: Emiro Ropero, el exlíder de las Farc en el Catatumbo ‘Rubén Zamora’, impuso su criterio y su autoridad sobre el de los radicales, intransigentes y atrabiliarios voceros de la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat) y la Coordinadora de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana (Coccam).

Luego de largos días de violaciones sistemáticas de derechos fundamentales de la comunidad, de camiones incendiados, de policías apedreados, de devastación criminal de bosques y de contaminación de fuentes hídricas con aceite, de vehículos quemados, de carreteras bloqueadas, de amenazas, de dilaciones, los cabecillas del paro insistían en eludir cualquier compromiso que llevara a levantar el bloqueo de las carreteras.

Después de horas de diálogo y de que el gobernador de Norte de Santander, William Villamizar cediera y asumiera compromisos con el Catatumbo, la reunión parecía no ir a ningún lado. No había argumento que convenciera a los cocaleros de la necesidad de desbloquear el departamento. Ninguna razón era aceptada.

A Ascamcat y Coccam solo los satisfacía continuar bloqueando carreteras, incendiando vehículos, amedrentando viajeros, obligando a ambulancias con niños enfermos a dar rodeos inverosímiles para llegar a un hospital. Y que les dijeran sí a todas sus peticiones. Nada más…

El disgusto de los funcionarios del gobierno era notorio, y la decepción del gobernador contagiaba a otros asistentes. El fracaso parecía, para todos, el único resultado posible.

De pronto, Ropero tomó el micrófono, zarandeó a los voceros de los cocaleros y les explicó que las cosas no se podían llevar al extremo de sacrificar movimientos y proyectos.

“Hay voluntad de solucionar o no hay voluntad”, les espetó a la cara a los promotores del paro. “Y aquí se están ofreciendo alternativas y no podemos seguir cometiendo errores”. Punto final.

De inmediato, tomó sus papeles y dijo que iría de inmediato hasta Agualasal, corregimiento a más de una hora de carretera, donde estaban otros dirigentes de Ascamcat, y prometió que regresaría en la madrugada con la aprobación de todo lo planteado y ofrecido por el gobierno regional. Y salió…

Un rato después se firmó el acuerdo, en un ambiente extraño, por la actitud hosca de los regañados, que aprendieron una lección política y de negociación de alguien de quien menos la esperaban. Tal sería la intransigencia, el radicalismo, la soberbia y el empecinamiento irracional de los dirigentes, que obligaron a uno mucho más radical e intransigente a decirles sí a los acuerdos.

La actitud del exguerrillero y facilitador del diálogo en Cúcuta, coincide con el ambiente de repulsión que generan Ascamcat y Coccam en el Catatumbo, donde además de quedar solos, sienten lo que es el aislamiento por los campesinos, que sí saben lo que es soportar el sol en la espalda todo el día para poder comer.

No es lo mismo que pasar la vida de avión en avión, en cómodas oficinas y mullidas poltronas, dando órdenes inverosímiles, lejos de las barricadas que les permiten a sus seguidores, sin exponerse a los gases de la Policía, y disfrutando el apoyo que reciben desde Cataluña. Así, cualquiera se hace llamar campesino…

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