Colombia tiene menos habitantes en pobreza multidimensional (9,9%), tendencia a la baja que se ha mantenido desde 2020 (18,1%). El año pasado se contabilizaron 5.2 millones y 793.000 personas salieron de esa condición respecto a 2024, una caída significativa de 1,6 puntos porcentuales (p.p.).
En el caso de Norte de Santander, según la directora del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Piedad Urdinola, la Incidencia de Pobreza Multidimensional (IPM) pasó de 15,2% a 13,3%, es decir, -1,9 p.p., pero no fue una reducción significativa y ocupó el puesto 15 de la tabla de 32 departamentos y Bogotá D.C.
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Vichada tiene más pobres multidimensionales: 55,2% de su población. Le siguen Guainía (51,8%), Vaupés (41,7%), La Guajira (40,1%) y Chocó (30,8%).
De las 15 privaciones que tiene en cuenta el DANE, el territorio fronterizo creció en nueve. Urdinola precisó que las que más aumentaron fueron barreras en acceso a servicios de la salud (56%), con una variación de 3,6 p.p.; material inadecuado de las paredes externas (6,0%), crecimiento de 2,6 p.p.; e inadecuada eliminación de excretas (5,6%), un aumento de 1,8 puntos.
“En las que hubo disminución: bajo logro educativo (45,4%), una variación de -2,8 puntos porcentuales; analfabetismo (6,1%), una variación de -2,4 puntos; y sin aseguramiento en salud (7,5%), con -2,2 puntos porcentuales”, afirmó a La Opinión la funcionaria.
Trabajo informal (81,0%), desempleo de larga duración (12,1%) y trabajo infantil (2,1%) muestran aumentos de 0,2, 0,8 y 0,3 puntos. Sin embargo, la directora del DANE aclaró que estos incrementos no son significativos.
Igualmente, en Norte de Santander hay una brecha de género de 2 p.p., porque el indicador según el sexo del jefe del hogar es de 12,5% en hombres y 14,5% en mujeres. Esta brecha en el IPM nacional fue casi igual (1,9 p.p.): 9,0% en hombres y 10,9% en mujeres.
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¿Qué pasa en la región?
Para el economista e investigador Mario de Jesús Zambrano, docente de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP), hay una lectura clara: no se ve, en el caso de Norte de Santander, una mejora real en las condiciones de vida de los hogares, sino un cambio en la forma en que se expresa la pobreza.

“Aunque algunos indicadores bajan, lo verdaderamente preocupante es que suben tres variables críticas: informalidad, desempleo de larga duración y el trabajo infantil. Eso nos dice que los hogares no están logrando ingresos estables y, por ejemplo, están recurriendo a estrategias de supervivencia, lo que es una señal de precarización estructural del mercado laboral, un común denominador del departamento y de Cúcuta”, dijo.
Zambrano manifestó que los grandes retos están asociados al mercado del trabajo, dada su incidencia en términos de ingresos. Agregó que esto debe generar alarma, pues, la variación positiva de estos tres factores al mismo tiempo configura una trampa de pobreza intergeneracional.
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“Es igual de grave el deterioro en indicadores como acceso a salud, agua, saneamiento y calidad de vivienda. Esto ya no es un problema de ingresos, sino de déficit estructural en bienes públicos básicos. Estamos viendo fallas en la provisión de servicios públicos fundamentales, y con una mirada hacia zonas rurales y, sobre todo, periferias urbanas”, destacó el experto.
El economista expresó que los datos muestran una doble crisis, porque hay un mercado laboral que no genera oportunidades de calidad, lo que debe alarmar, porque en el departamento “no se está saliendo de la pobreza, sino profundizando sus formas más estructurales.
Mario Zambrano insistió que el territorio exige políticas públicas focalizadas: formalización del trabajo con incentivos reales, no solo regulación, lo cual veces es el común denominador de programas de empleo, integración productiva fronteriza y en zonas rurales, inversión en infraestructura social básica (agua, saneamiento, mejoramiento de vivienda, cobertura efectiva en salud y no solo afiliación) y una estrategia diferencial para el Catatumbo y Cúcuta.
Subrayó que la prevención y reducción del trabajo infantil debe ser prioridad, porque conlleva a círculos viciosos de prolongación de la pobreza. Además, la permanencia escolar es fundamental para pensar en la inversión en el capital urbano de mediano y largo plazo y las transferencias condicionadas (subsidios) bien focalizadas son importante en contingencias.
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