Del auge al colapso: cómo las expropiaciones de Chávez hundieron a la industria petrolera de Venezuela
Luego de la reunión del presidente estadounidense Donald Trump con 17 petroleras, tras la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, estas empresas miran con cautela la posibilidad de invertir en Venezuela.
Nadie se imaginó lo que pasaría en la industria petrolera de Venezuela con la llegada de Hugo Chávez a la Presidencia, en 1999, porque ocho años después comenzó a expropiar a las empresas internacionales, siendo este el punto de partida para que PDVSA y todo ese sector económico se fuera al suelo.
En 2007, Chávez comenzó la nacionalización y expropiación de petroleras de los EE. UU., mediante el Decreto 5200, y las obligó a migrar sus contratos a empresas mixtas. Esta política hizo que el Estado, a través de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), se quedara con, al menos, el 60% de las acciones.
Las empresas que resultaron afectadas fueron Exxon Mobil, que rechazó la decisión y abandonó sus activos en manos del gobierno. Conoco Phillips, la cual tampoco aceptó la medida y cuyos activos fueron confiscados en 2007. Y las empresas de servicios petroleros Halliburton, Schlumberger y Baker Hughes.
La única petrolera que aceptó las nuevas condiciones fue Chevron, que aún exporta crudo venezolano hacia Estados Unidos.
El economista petrolero venezolano Rafael Quiroz Serrano recuerda que Chávez logró expropiar alrededor de 5.000 empresas nacionales de diferentes sectores. “Se burlaba de ellas, pues controlaba los tribunales y creyó que podía hacer lo mismo con las internacionales”.
“Pensó que con el personal que había era suficiente. Y, de hecho, se podía, porque hasta 1994, cuando se dio la apertura petrolera —para que llegaran las compañías extranjeras— nosotros manejamos a PDVSA con mucho éxito y de una forma bastante ventajosa”, comenta Quiroz.
Rafael Quiroz Serrano, economista venezolano.
En 1975, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez, fue nacionalizada la industria petrolera, por lo que Venezuela denominó totalmente el manejo de la producción de sus hidrocarburos, política que dio origen a PDVSA.
El especialista en Derecho Minero Energético, Santiago Soto Luna, resalta que, antes de Hugo Chávez, Venezuela producía cerca de 3.5 millones de barriles diarios y tenía una política de apertura económica petrolera similar a la de Colombia, donde PDVSA, si bien era estatal, funcionaba como una empresa privada, con criterios técnicos y sin injerencia del poder político, lo cual la hacía eficiente.
Soto subraya que en la nación operaban numerosas compañías estadounidenses y que Venezuela siempre fue uno de los mayores exportadores de hidrocarburos a ese país, antes de que Estados Unidos se volviera uno de los mayores productores del mundo, en 2016-2017.
También dice que, en Estados Unidos, PDVSA tenía valiosos activos, entre ellos Citgo, que operaba no solo yacimientos, sino refinerías en el país norteamericano.
“Hacia los últimos años de Chávez, Venezuela producía 2.5 millones de barriles diarios y la compañía funcionaba más en torno al gasto social que a criterios corporativos de eficiencia económica y expansión internacional. En la era Maduro ha alcanzado mínimos de 400.000 barriles diarios, lo cual muestra cómo la corrupción y las decisiones políticas volvieron añicos la matriz petrolera”, asegura.
¿Cuál fue el problema?
Para Rafael Quiroz, el problema no fueron tanto las expropiaciones de Chávez, sino la pérdida del propósito de la empresa estatal petrolera, porque el entonces presidente le asignó tareas y trabajos que no son propios de esta industria.
“La puso a importar comida, a cultivar productos, a construir casas y carreteras. Ninguna empresa petrolera en el mundo, en toda la historia de los hidrocarburos, se ha dedicado a esto. Además, hubo una sobresaturación de personal, que llegó a 147.000 personas, todos militantes de la revolución, sin importar si tenían conocimiento en el plano petrolero, y esto ocurrió cuando PDVSA se podía manejar con solo 20.000 personas”, agrega.
Rafael Quiroz Serrano compara la innecesaria contratación de empleados por parte de PDVSA, indicando que, si se sumaban las nóminas de las cuatro empresas más grandes del mundo (Exxon Mobil, Chevron, Shell y British Petroleum), ese número no llegaba a 100.000.
Ese mal manejo, según el experto, “llevó a tener la empresa en el suelo y con una deuda que ahora sobrepasa los 85.000 millones de dólares”.
Según Santiago Soto, el punto de quiebre de la industria en la era chavista se dio cuando, bajo la estrategia denominada Petrocaribe, en 2005, Hugo Chávez comenzó, a vender crudo subsidiado a otros países del hemisferio, con el fin de tener injerencia sobre estos, especialmente en escenarios internacionales.
Santiago Soto Luna, especialista.
“Y, a nivel interno, cuando PDVSA dejó de funcionar con rigor técnico y empezó a usar las utilidades y regalías en función social del Estado y del proyecto político dictatorial de Chávez. Una vez muerto este último, y en cabeza de Nicolás Maduro y sus compinches, la matriz petrolera se vino a pique”, añade el especialista en Derecho Minero Energético.
Santiago Soto afirma que el “saqueo” a la empresa y a las utilidades del petróleo hizo insostenible el sector, sumado a que “empezaron a nombrar personas poco capacitadas para liderar la política petrolera”.
Interés con cautela
El economista Rafael Quiroz resalta que, luego de la reunión del presidente estadounidense Donald Trump con 17 petroleras, tras la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, el pasado 3 de enero, estas empresas miran con cautela, la posibilidad de invertir en Venezuela.
“Fue un encuentro con empresas muy conocidas, algunas empresas de amigos de él, a las cuales les expuso la conveniencia y la ventaja de regresar al país. Ellas manifestaron ciertas reservas en la invitación a venir a Venezuela, dudas y muchas interrogantes”, subraya.
Quiroz dice que las petroleras tienen temores de invertir en el país vecino, porque el negocio petrolero no es fácil: “no es como cultivar mandarinas o naranjas”, sino que requiere y exige grandes capitales internacionales.