Las intervenciones a la vía pública en el centro de la ciudad vuelven a ser tema de conversación entre los cucuteños.
Hace cuatro años, durante la administración de Jairo Yáñez, la polémica tuvo que ver con la implementación del proyecto de cruces viales seguros, que llevó a la instalación de taches en las principales calles y avenidas del centro, para la delimitación de un canal de ciclorruta.
En esa oportunidad hubo opiniones divididas, por un lado conductores de vehículos particulares y transporte público rechazaban la medida, mientras que los ciclistas celebraban la medida orientada a reservar un espacio de uso exclusivo para ellos.

Ahora, es el desmonte de estos dispositivos, que estaban en la calle 10 y los alrededores del Palacio Nacional, lo que vuelve a generar discusión, sobre todo porque hay quienes comienzan a hablar de detrimento patrimonial -tomando en cuenta que su colocación le costó al municipio un poco más de 3.000 millones de pesos- mientras que otro sector cuestiona la intervención en ciertas vías sin el debido rigor técnico.
Frente a este nuevo debate, Johan Botello, secretario de Movilidad del municipio, le explicó a La Opinión que las labores de demarcación y señalización vial que se vienen haciendo en puntos estratégicos de la ciudad, son el resultado de un análisis técnico previo adelantado durante seis meses por el observatorio de ese despacho.
“Lo que nos arrojó el estudio es que este tipo de dispositivos lo que hacía era disminuir el carril y generar alteración a la movilidad, además de afectar la capacidad de maniobra de los conductores de buses grandes; pero también fueron causales de caídas de personas que tropezaban con los taches o incluso motos, por la misma razón”, dijo Botello.
Destacó que el resultado les permitió concluir que “podíamos señalizar la ciclorruta con otro tipo de dispositivos y que no son necesariamente estos segregadores, tachones o hitos, sino que lo podíamos hacer con una ciclobanda, que es pintada”, indicó Botello.

Se trata de un tipo de material de alta calidad, como plástico en frío y termoplástico, el cual se usa por primera vez en la ciudad para labores de demarcación vial, y ofrece mayor resistencia, visibilidad y durabilidad, incluso en condiciones de alto flujo vehicular.
“Para la administración prima la seguridad vial de los ciclistas, entonces estos usuarios van a poder seguir utilizando ese costado de la calle, pero ya con la ciclobanda señalizada. Eso es lo que vamos a hacer”, sostuvo.
Reiteró que el objetivo de los trabajos que se están haciendo en las diferentes vías de la capital nortesantandereana es fortalecer la seguridad, optimizar la movilidad y brindar mayor claridad a todos los actores viales.
En cuanto a las críticas que han surgido por presunto detrimento, Botello aseguró que “el proceso está blindado tanto técnica como jurídicamente”, y que “de la manera como vamos trabajando, estamos optimizando el recurso en un 65%”.
Mayor educación vial
Para Hugo Santiago, veedor de movilidad, no se trata de poner o quitar dispositivos viales, sino mejorar la educación vial, porque de nada sirve pintar vías y señalizarlas, si las personas no saben su significado y, peor aún, no las respetan.
“Definitivamente esa inversión no es necesaria ahora, pues de qué sirve señalizar si la gente no sabe qué es eso, no hay cultura de tránsito, es una realidad y por eso el caos vial”, indicó el veedor.

Al respecto, Botello resaltó las acciones de pedagogía y sensibilización que se han hecho desde la administración, en entornos educativos, empresariales y directamente a los actores viales en la calle.
“Nuestra primera misión es llevar a cabo esa función pedagógica, pero ya cuando la gente no acata la sensibilización, procedemos a imponer la norma”, explicó el secretario de Movilidad.
Sobre las medidas que van a aplicar para que se respete el carril de ciclorruta, tras el desmonte de los taches, Botello indicó que de manera conjunta con las Secretarías de Seguridad Ciudadana y Gobierno se trabajará en un plan para que haya respeto de los actores viales distintos a los ciclistas, pero también de los vendedores informales, que terminan apropiándose de esos espacios.
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