Una de las propuestas de gobierno del candidato Gustavo Petro, fue la del tránsito a energías limpias, que realizaría durante su mandato. A ocho meses de concluirlo, ya puede anticiparse que será este otro de los pendientes, que nos deja.
Nadie niega la urgente necesidad que tiene no solo Colombia sino la humanidad toda, en que esa transición de energías altamente contaminantes a limpias, se logre. La discusión, está es en cómo se hace, especialmente en un país en el que buen porcentaje del PIB se nutre con las divisas que generan la exportación de hidrocarburos, minerales y gas.
Incluso, en varios momentos durante estos más de tres años de gobierno, hemos sentido la amenaza de racionamiento de gascomo consecuencia de la caída de la producción y las reservas,que los expertos consideran obedece al manejo errático e improvisado de esas políticas que obligó a importarlo, trasladando costos mayores a los usuarios. Aunado a esto, a la orden de parar su exploración, pese al importante potencial que tiene el país.
El Plan Nacional de Desarrollo, dedica un capítulo a la “Transformación productiva, internacionalización y acción climática”, en el que debió moverse todo el sector energético, señalándose la necesidad de profundizar la utilización de energías limpias. El DNP, acotó en alguno de sus documentos que,“La dependencia energética y económica del país de los combustibles fósiles representa una baja competitividad y acentúa la vulnerabilidad… De manera contundente, se usarán los excedentes financieros del carbón y del petróleo para hacer una transición energética que lleve a una economía verde”.
Sin embargo, ya en febrero de este año, el DANE, informaba que “la economía colombiana experimentó un crecimiento del 1,7% en 2024, en comparación con el año anterior…el sector que impulsó en mayor medida este aumento fue agricultura que registró un crecimiento del 8,1%, lo que aportó 0,8 puntos porcentuales al resultado final……no todos los sectores mostraron buenos resultados. La explotación de minas y canteras sufrió una caída de 5,2% un retroceso que afecta principalmente la extracción de carbón y minerales metalíferos…El sector petrolero también presentó cifras negativas, con una caída de 0,7% en la extracción de crudo y gas”.
Lo anterior, es el resultado de las políticas de gobierno que, entre otras cosas, difiere de sus colegas presidentes de izquierda como el de Brasil y México, por citar apenas dos, que, si bien comparten la visión sobre los recursos naturales, consideran que parar de tajo la exploración y explotación de recursos energéticos tradicionales, es un error, máxime cuando estos generan los recursos económicos necesarios para implementar las políticas de transición a energías limpias.
Debe reconocerse que el actual gobierno ha cumplido con su compromiso de respetar los contratos de exploración y explotación de recursos hidrocarburiferos, de gas y minerales en marcha y que, por ello, el país aún no ha sentido el impacto de la medida de prohibición pero que, de continuarse, en pocos años viviremos las consecuencias de ella.
Industrias como la del Turismo, con la que se ha dicho se reemplazarían los recursos que dejan de ingresar por la explotación y exportación de combustible fósiles, está lejos de lograrlo, pese a su crecimiento. Pero, lo más delicado: tampoco se logró la tan cacareada transición energética, como tampoco la fusión de entidades del sector, necesaria para armonizar las políticas anunciadas.
El próximo gobierno, recibirá una herencia que no solo se limitará a las reformas sociales fracasadas sino esta, la energética, de la que dependerá la buena marcha de la economía en las décadas que restan de este siglo. Armonizar los temas ambientales y de exploración, explotación de estos combustibles para la exportación y recepción de divisas, que a la vez sirvan para ir logrando la necesaria transición a energías limpias, será un imperativo.
El país requiere de un gobierno que sepa armonizar su ideología con las urgentes necesidades de fortalecimiento de nuestra economía y no continuar planteando reformas que pretendan imponerse “a los gorrazos”. Un gobierno que también en lo político propenda por una transición limpia.
Y, por supuesto, de un Congreso preparado, conocedor de los temas de país a profundidad, dispuesto a contribuir con los avances que todos los sectores requieren. "In nostris manibus est scriptio".
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