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Miénteme cerebro
Por eso nuestro cerebro tiende a mostrarnos algunos pasajes del pasado de forma casi maravillosa, aunque no haya sido así exactamente.
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Viernes, 13 de Marzo de 2026

¿Cuántas veces nos hemos deleitado con los recuerdos de la infancia o la adolescencia, considerando que fue una época hermosa y envidiable?, sin embargo, ¿es posible que nos estemos engañando, que todo aquello no haya sido tan maravilloso como nos parece ahora? Pues, algunos expertos consideran que sí, que nuestro cerebro nos engaña y parte de toda esa historia no es exactamente como la imaginamos en este momento. Al parecer, nuestra mente está diseñada para protegernos y no para comprender el mundo, algo que tiene sentido si lo miramos desde el punto de vista evolutivo.

La idea es que, si no tuviéramos la capacidad de olvidar, o por lo menos restar intensidad a los eventos negativos y dolorosos de nuestra vida, permaneceríamos en un constante sufrimiento. Por eso los terapeutas nos proponen llorar las pérdidas, algo conocido como procesar el duelo, siendo una experiencia diferente para cada quien, ya sea en intensidad, duración y capacidad de afrontamiento, incluso en un mismo individuo todos los duelos no se viven de la misma manera, lo normal sería que una tercera pérdida (de una mascota, un amor, o un ser querido), se lograra manejar mejor que la primera.

Por eso nuestro cerebro tiende a mostrarnos algunos pasajes del pasado de forma casi maravillosa, aunque no haya sido así exactamente. Hoy en día está muy de moda el reencuentro por grupos en redes sociales de los excompañeros del colegio, la universidad, la cuadra donde nos criamos y todo lo que nos recuerde una época pasada, como si esto nos alegrara la vida al revivir esos “años dorados”, pero curiosamente no a todos les interesa, he escuchado a algunos comentar que la pasaron muy mal, sufrieron lo que ahora se conoce como “acoso” y no desean volver a saber nada de eso.

Los ejemplos más clásicos los podemos ver en las relaciones de pareja. Cuando dos personas se separan porque son “incompatibles” o una de ellas se siente agredida constantemente por la otra, pudiendo por fin alejarse, no tiende a pasar mucho tiempo cuando los recuerdos encantadores vuelven a aparecer, las noches románticas, las risas, los planes a futuro, etc., olvidando los malos tratos y llevando a propiciar un nuevo encuentro que, por supuesto, inicia otra vez el mismo tormento. Recuerdo a una persona que posterior a una noche romántica después de tres meses alejado de su novia me comentó: “me bastaron solo 30 minutos para recordar cuál fue la razón de nuestra separación”. Esta es una de las razones por las que muchas personas tienen la idea de que, si se hubieran casado con otro, hoy en día sí serían felices. La ciencia dice que esto es mentira, es nuevamente el cerebro protegiéndonos del dolor, basta con hacer un viaje al pasado y colocarnos en ese mismo momento cuando decidimos cambiar la opción.

De manera que, el cerebro parece tener sus propias estrategias, las cuales utiliza de manera automática, lo que puede hacer que una persona entre en un círculo vicioso que no le permita seguir adelante con su vida, considerando que vivir en el pasado, ese pasado “no tan real o exacto” ha sido lo mejor que le ha sucedido.

Pero, recordar es vivir, se imagina por otro lado, que cada vez que viajemos a nuestra adolescencia, eso sea una causa de mortificación, no estaría bien. Si la mente me va a hacer feliz convenciéndome que la mejor etapa de mi vida fue la del colegio, la universidad, aquellos amigos, la navidad con la familia y la primera novia, pues adelante, no me queda más remedio que decirle, ¡Miénteme cerebro!


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