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¿Más muros o más caminos?
La arquitectura, la ciudad y el mundo tangible se definen por límites y contornos que organizan las relaciones entre los objetos y las personas.
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Miércoles, 28 de Enero de 2026

¿Qué hace que una casa sea una casa? ¿Su techo, sus objetos o sus muros? ¿Qué hace que una ciudad sea una ciudad? ¿Sus edificios, sus casas vías, caminos, parques y plazas? ¿O en ambos casos la respuesta está en quienes las habitamos?

La arquitectura, la ciudad y el mundo tangible se definen por límites y contornos que organizan las relaciones entre los objetos y las personas. En la vivienda, los muros separan lo interior de lo exterior, lo íntimo de lo público. En la ciudad y en el planeta, los límites se multiplican y generan segregación. Surgen muros físicos que aíslan conjuntos residenciales o dividen países según diferencias de raza, ingresos o religión, funcionando como barreras frente a la migración. A su vez, existen muros intangibles que separan a la población por creencias, ideologías y formas de pensar, incluso dentro de una misma ciudad, comunidad o familia.

En un planeta de ciudades donde los entornos urbanos crecen a un ritmo acelerado por la dinámica poblacional, los límites antes definidos por murallas, ríos o accidentes geográficos se reinventan y reformulan. Conurbación que deriva en metropolitanización, crecimiento informal, expansión planificada en algunas excepciones, mientras que al interior desde el mismo centro tradicional, la ciudad se fragmenta, y se descose en múltiples retazos en clara oposición al encuentro.

Duele escribir y mucho más constatar, que como consecuencia del actual panorama de alta conflictividad armada propiciado por las economías ilegales y disputas territoriales, la Fundación Paz y Reconciliación (Pares) señala que entre el 2022-2025 los diálogos de paz han sido frágiles y sin resultados. De la Paz total hemos transitado a un conflicto permanente dada la enorme expansión de la violencia que tiene fuerte presencia en nuestro territorio.

Según Forbes Colombia (2025), dentro de las 50 ciudades más violentas del mundo se encuentran Santa Marta (26), Cali (29), Palmira (33), Barranquilla (36) y Cúcuta, en el puesto 39, con una tasa de 36 homicidios por cada 100 mil habitantes. Esto plantea serios desafíos para la construcción colectiva del territorio por la creciente inseguridad y búsqueda de refugio en entornos cerrados bien sea en el condominio residencial, el centro comercial o el club privado en donde su implantación y baja interacción con el entorno urbano aumenta la desconexión y resulta en una geografía de retazos como expresión de nuestra sociedad donde no existe una base común de acuerdos o coincidencias.

La tan anhelada Paz es cada vez más remota en ausencia de proyectos de largo alcance desde la seguridad, lo institucional y la economía y plantea un oscuro camino con nubes de tormenta que sumen al país en divisiones políticas e ideológicas que fragmentan la estructura social clave para la convivencia y calidad de vida que se soporta por una trama de acuerdos, conciliación de diferencias y azares, donde la libertad, la paz y prosperidad han sido grandes logros de la humanidad y no sus rasgos de serie.

Si bien, ni desde la arquitectura o el urbanismo se cuenta con la totalidad de herramientas para la construcción de la paz, si nos corresponde materializar los mejores espacios y recintos de nuestro proyecto común, procurando no tanto por muros sino por más caminos, espacios públicos y lugares de encuentro, porque allí es donde puede renacer la esperanza y concreción del derecho a la ciudad.


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