Los cuatro años de gestión del presidente colombiano, que están por terminar, se han visto enmarcados por la influencia de la política exterior en la vida de los colombianos, que es algo que hace algunos años ni siquiera se mencionaba.
El ser los primeros productores de cocaína del mundo; tener amplias jurisdicciones marítimas en ambos mares, por las que mueve el narcotráfico; estar asolados por grupos armados de todo tipo con vínculos con la delincuencia internacional; ser vía de la migración hacia Estados Unidos, por ahora paralizada, y tener una extensa frontera con Venezuela ahora administrada por Washington, nos ha colocado en una especial condición internacional.
Como si fuera poco, el mundo está ante una nueva guerra, que se venía previendo hace bastante tiempo y que coincide con nuestra presencia como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Algunos de sus compañeros en el Consejo están en unos líos gigantescos. Pakistán, potencia nuclear, en una guerra abierta con los talibanes de Afganistán, con el apoyo norteamericano; la República Democrática del Congo, en una situación caótica con siete millones de personas desplazadas y con el grupo armado M23, apoyado por Ruanda, actuando en el oriente del país; Somalia, en una crisis alimentaria dramática en la que cuatro millones y medio de personas enfrentan una hambruna sin precedentes, mientras que el grupo terrorista Al-Shabaab sigue generando desplazamientos y violencia; Liberia en la hoya afectada por la viruela; Bahrein, atacado con misiles y drones por Irán; Letonia, amenazada por la guerra entre Rusia y Ucrania, y hasta Dinamarca, enredada por las aspiraciones de Trump sobre Groenlandia.
Entre tanto, la guerra entre Irán y Estados Unidos e Israel continúa y, al parecer, se extenderá por tiempo indefinido, modificando lo que parecía haber sido uno de los objetivos de la operación Furia Épica: el cambio del régimen de los ayatolas. Ahora es un asunto accesorio y se trata de la destrucción no solamente de las instalaciones para la fabricación de armas nucleares que Trump anunció que estarían listas en dos semanas, sino de toda la infraestructura militar de Irán.
En medio de eso, ha pasado desapercibido que Estados Unidos y Ecuador han emprendido operaciones conjuntas para luchar contra organizaciones terroristas, que Ecuador afirma que provienen de Colombia. Además, Quito simultáneamente ha roto relaciones con Cuba.
Pero no hay que preocuparse, Petro anunció que Colombia propondrá una conferencia de paz liderada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para lograr la existencia tanto de Israel, como de Palestina como estados independientes; innovadora tesis que se discute desde 1947. Igualmente, la creación en Oriente Medio de una zona libre de armas nucleares, lo que debe interesar mucho a Israel en este momento.
Esas oportunas e ingeniosas propuestas seguramente serán acogidas por todos los miembros del Consejo de Seguridad y serán la llave para acabar no solo la guerra en Oriente Medio, sino todos los conflictos que se afrontan en los cuatro puntos cardinales. Ese sería el segundo Nobel de Paz para un colombiano.
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