En la Comunidad Valenciana, a orillas del Mediterráneo (Mar Balear), se encuentra la ciudad de Gandía, bella por su geografía y su urbanismo, y plena de historia. Allí están las huellas del Cid Campeador, el primer Caballero en ser historiado en España en un romance en verso; de Jaime I de Aragón, el primero de los grandes reyes que figura en su historia documentada a mediados del Siglo XIII; y de la familia Borja que cuenta entre sus parientes dos papas, un santo y varios legendarios personajes.
Gandía cuenta, hoy, con más de 80.000 habitantes y una fisonomía urbana sobresaliente. Se conserva de una manera armoniosa su centro histórico acompañado de desarrollos comerciales y habitacionales de alto nivel, propicios para el confort de sus innumerables visitantes.
Hacia 1399 se creó una famosa corte del Ducado de Gandía y se construye el palacio del Ducado y el Convento de San Jerónimo, famosos en su época. En 1494 el Ducado de Gandía fue vendido por el rey Fernando el Católico al Cardenal Rodrigo de Borja, futuro papa Alejandro VI, cuya familia estableció allí una fastuosa corte.
Después de un gran alzamiento, en 1520, de los llamados “agermanados” - vocablo que hace alusión a hermandades - que obligaron a los moriscos a convertirse al catolicismo, volvió don Juan de Borja y Enríquez de Luna, tercer duque de Borja y se casó con Francisca de Castro-Pinós, padres de Francisco de Borja, quien renunció a sus títulos y bienes para ingresar a la Compañía de Jesús. Antes de su partida, entre otras importantes obras, hizo construir un colegio que una bula pontificia elevó a la categoría de Universidad, magnífico edificio donde hoy funcionan las Escuelas Pías.
Esa universidad que funcionó durante dos siglos acogió a figuras tan importantes de la literatura valenciana como Baltazar Gracián y Antonio José de Cavanilles. Francisco de Borja, después de cumplir una heroica vida en el seno de la comunidad de las jesuitas, fue canonizado en 1671.
Gandía atravesó por diversas épocas difíciles, entre ellas la de la guerra civil española cuando sufrió fuertes bombardeos por parte de la aviación italiana. Gracias al empuje de sus habitantes logró éxito en renglones económicos de importancia como fue el caso de la producción de seda y de uvas pasas en una época. Hoy, los mayores renglones agropecuarios son el cultivo de naranjas y la pesca marítima.
El turismo es de una gran importancia, porque ofrece a los visitantes unas playas esplendorosas, una oferta hotelera de primer nivel y una gastronomía exquisita. En Gandía de pueden saborear tanto las delicias valencianas como los platos de muy diverso origen por la conformación cosmopolita de su oferta. Además de acoger a quien llega en un ambiente seguro, impecable y ordenado.
Ojalá nuestros compatriotas pudieran comparar el adelanto de poblaciones como Gandía - que no es una urbe muy grande - con nuestras ciudades inseguras, desaseadas, descuidadas por los propios habitantes que no son solidarios con los demás ni con los bienes urbanos al servicio de todos.
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