En su discurso sobre “El estado de la Unión” Trump hizo un balance de sus logros en el primer año de su mandato, y esbozó sus proyectos hacia el futuro.
Su intervención la hizo en medio de un ambiente enrarecido. Su popularidad según algunas encuestas ha bajado, ronda alrededor del 40 %, más o menos lo mismo que la de Petro en Colombia, después de los decretos que expidió el mandatario colombiano sobre el salario mínimo, del cambio de actitud durante la entrevista en Washington y de la declaración de la emergencia económica para atender los desastres del invierno.
La intervención de Trump estuvo enmarcada en un ambiente enrarecido por las fuertes críticas por su política migratoria y las acciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que culminaron con los graves hechos en Minneapolis; con el fallo inesperado de la Corte Suprema sobre la política de aranceles, que ha sido el instrumento fundamental de su política exterior; igualmente, por las “zafadas” contra Obama y su esposa con acento racista.
No obstante, reclamó los éxitos de su política migratoria, que fue uno de los puntos centrales de su campaña, señalando que en los últimos nueve meses no se ha aceptado ningún inmigrante ilegal, lo que hemos percibido en el Tapón del Darién.
Igualmente, se refirió a la operación de “extracción” de Maduro y a las acciones como estado administrador en Venezuela, a la que consideró como “nueva amiga y socia”, similar a la expresión de Juan Manuel Santos sobre Chávez en su discurso de posesión. Es curioso que el régimen chavista-madurista, haya merecido tan altos elogios.
También se refirió al caso de Irán, que está generando incógnitas y preocupación en los Estados Unidos. Trump ha colocado en cercanías un enorme dispositivo militar, aduciendo que los ayatolas han asesinado a miles de manifestantes que protestan contra el régimen y que no puede permitir que el país que más fomenta el terrorismo en el mundo tenga armas nucleares.
No obstante, Irán no es Venezuela y los norteamericanos temen verse nuevamente involucrados en un conflicto de esas características. Incluso se filtró que hasta el general Caine, el jefe de Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, había expresado reparos a una acción armada generalizada.
También, con el síndrome de la pérdida del Premio Nobel de Paz, que ni siquiera el obsequio de María Corina Machado ha podido atenuar, se refirió a “las ocho guerras” a las que ha puesto fin. Lo que no deja de ser discutible.
En el fondo, su mensaje central fue el de “Hacer a los Estados Unidos grande otra vez”. Nada diferente de lo que ha venido pregonando desde el principio de su mandato. Veremos lo que sigue, ya que, aunque Trump no lleva sino un año en su segunda administración, parece que fueran diez.
De todas maneras, con sus lemas y decisiones ha puesto hablar al mundo todos los días de él. Como ha hecho Petro en Colombia, pero por otros medios.
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