España es un país muy adelantado cuya característica salta a la vista por su red vial que comunica a todas las regiones con magníficas autopistas; su moderno sistema ferroviario; la pulcritud con que se han restaurado miles de edificaciones a lo largo de su territorio que constituyen un atractivo turístico mundial, con una oferta hotelera inmensa; la completa cobertura en salud para todos los españoles y, aun, para los inmigrantes que cumplan determinados requisitos; y la seguridad ciudadana muy pocas veces afectada. Todo esto para referir solamente algunos aspectos sobresalientes.
España está constituida como una monarquía parlamentaria que tiene como Jefe de Estado al Rey, y como jefe de gobierno a un Presidente elegido popularmente. El gobierno se conforma con los diversos partidos que constituyan una mayoría parlamentaria y son el soporte político del Presidente.
El territorio español está integrado por 17 comunidades autónomas con numerosas provincias cada una, y se desempeñan en una organizada descentralización. En algunos casos aislados algunas comunidades han reclamado mayor independencia.
En el funcionamiento del Estado hay diversas funciones que no están sometidas al vaivén de la política partidista y que han permitido su gran desarrollo. Es el caso de la construcción de autopistas y carreteras a lo largo del territorio, que obedece a un plan que se inició desde la época de Franco. El sistema de salud cubre con todos los servicios y el suministro de medicamentos a toda la población con estándares altísimos. El sistema pensional se ha ampliado hasta otorgar una pensión universal a las personas mayores a partir de la edad requerida.
En fin, se puede preguntar por qué países como España, de cierta manera similares al nuestro, logran tales adelantos en un territorio menor (500.000 km2), con una población de 50 millones de habitantes como la nuestra, con vínculos culturales indudables y una tradición centenaria de relaciones diplomáticas e intercambios en muchos campos.
A mi entender es por el sistema político que rige a los países: La inestabilidad de la política colombiana, la centralización gubernamental a ultranza; las facultades excesivas del presidente; la ausencia de partidos políticos y la inoperancia del control judicial al jefe de estado y a los altos funcionarios, en general, crean un desorden casi insuperable para ejecutar programas estatales que impulsen el desarrollo armónico del país.
Tuve la ocasión de viajar por Andalucía, la comunidad que ocupa la parte sur de la península española y visitar tres ciudades que considero como un eje cultural de esa incomparable región: Córdoba, Sevilla y Granada. Es muy difícil hacer una comparación entre ellas porque cada una tiene una fisonomía singular, pero en todas hay la huella de la cultura árabe que permaneció en España durante ocho siglos. Sólo me atrevo a destacar tres incomparables edificaciones con las que el visitante puede formarse una idea del esplendor andaluz y el aporte histórico a España y a América: La Mezquita de Córdoba; La Catedral de Sevilla y la Alhambra de Granada.
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