Durante cerca de 14 años, el documentalista Mario Andrés Cruz siguió el día a día de cinco familias colombianas que luchan por avanzar en un país como Colombia donde moverse no significa progresar.
El resultado de esta travesía es ‘El juego de la vida’, una pieza documental que llega desde este jueves a las salas de cine mostrando cómo una sociedad como la colombiana es una especie de tablero de ajedrez completamente desigual, donde algunos nacen con comodines, otros con cartas marcadas.
El documental explora cómo el punto de partida puede condicionar el destino, pero no determinarlo. Con una mirada íntima, revela las decisiones, frustraciones, resiliencias y pequeñas victorias de quienes apuestan por cambiar su camino, aún cuando las reglas no son iguales para todos.
Frente a una estructura que premia a unos y castiga a otros, estas familias se convierten en espejo de un país donde la movilidad social es el verdadero juego.
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“Al hacer esta película entendí con mayor claridad que mi vida ha sido una travesía marcada por el esfuerzo y la adaptación. Crecí en una familia pobre, enfrentando barreras que en muchos momentos parecían imposibles de superar. Fui la primera persona de mi familia en acceder a la educación superior, y ese proceso transformó mi vida, pero también me permitió entender que la movilidad social tiene un costo que rara vez se nombra”, comentó su director.
Para Marino Andrés Ruiz, ‘El juego de la vida’ nace de esa experiencia personal y de su encuentro con cinco familias a las que acompañé durante 14 años. A través de ellas, logró observar cómo avanzar implica mucho más que mejorar las condiciones económicas.
“Supone reinventarse: aprender nuevas formas de hablar, de habitar el mundo, de relacionarse con los otros. En ese tránsito, muchas veces también se transforma la identidad. Con el tiempo entendí que la movilidad social no es una línea ascendente, sino un proceso lleno de avances, retrocesos”, continuó.
Las historias que recoge la película revelan que, incluso cuando hay esfuerzo, disciplina y deseo de cambio, las condiciones estructurales siguen pesando de manera determinante. No todos parten del mismo lugar, y eso define en gran medida las posibilidades de cada quien.
Para Mario Andrés Ruiz, “más que ofrecer una lectura moral, me interesaba hacer visible esa estructura. Mostrar que la pobreza no es una elección individual, sino el resultado de múltiples factores que limitan las oportunidades. Al mismo tiempo, quería acercarme a la dimensión humana de esa experiencia: el desgaste, el desarraigo, pero también la capacidad de resistir, de adaptarse y de seguir adelante".
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Sostuvo que "acompañar estas vidas durante tantos años transformó también mi manera de entender el mundo. ‘El juego de la vida’ me permitió ver la dignidad en lo cotidiano, en los gestos pequeños, en la persistencia. Es, en el fondo, una invitación a cuestionar las reglas de ese juego y a preguntarnos hasta qué punto aquello que llamamos destino está condicionado por las desigualdades que preferimos no mirar”.
A lo largo de esta larga travesía, siempre lo acompañó una inquietud muy concreta: “por qué en Colombia salir de la pobreza sigue pareciendo una excepción, incluso cuando la gente trabaja y se esfuerza durante años. En lo personal apareció otra pregunta: qué de esas historias también hablaba de mí. Con el tiempo entendí que no era un observador neutral, sino parte de ese mismo juego”.
Así, entendió que el progreso no es lineal. Las personas avanzan, retroceden, se recomponen y vuelven a empezar. “La desigualdad no es una foto fija, sino una estructura que desgasta y condiciona cada decisión. Que la pobreza no es solo falta de ingresos. También es desgaste, aislamiento, miedo y dificultad para proyectarse. Que la movilidad social implica costos emocionales profundos que rara vez se reconocen”.
También pudo descubrir que el llamado ‘salir adelante’ no es una hazaña individual. Siempre hay redes que sostienen, pero aun así el costo puede ser alto: desarraigo, culpa, distancia frente al origen y la sensación de no pertenecer completamente a ningún lugar.
“Acompañar estas vidas demuestra que el esfuerzo no ocurre en igualdad de condiciones y que existen factores estructurales que determinan las oportunidades”, afirmó su director, quien ha dirigido documentales como ‘Cuestión de química’, Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.
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