La clave para evitar el abuso sexual en menores de edad está en la prevención. Los padres de familia deben conocer, educar e instruir a sus hijos frente al tema, además denunciar este delito, cometido en la mayor parte de los casos por personas inmersas en el mismo círculo familiar.
En lo corrido del año, el Grupo de Delitos Sexuales de la Sijín de la Policía Metropolitana de Cúcuta ha recibido en promedio 200 denuncias por casos relacionados con abusos sexuales contra niños y niñas (en el 98 por ciento, vinculados hombres).
Aunque esta cifra resulta elevada no demuestra una realidad que podría ser alarmante, pues existe un número desconocido de hechos sin denunciar.
Según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, el abuso sexual es todo acto por el cual se somete a un menor de edad a tener conductas sexuales aprovechando la condición de autoridad, edad, superioridad física, económica, afectiva y/o empleando la fuerza, la amenaza, el chantaje, la presión y el engaño.
Investigadores del Grupo de Delitos Sexuales consideran que lo primer que se debe hacer es que a “las partes del cuerpo hay que llamarlas por su nombre”, pues los niños y niñas no deben asociar sus partes íntimas con palabras diferentes que irradien ternura o cariño (como pajarito o florecita), porque los pequeños pueden callar frente a sus padres al no sentirse agredidos con estas palabras. Situación que también el abusador puede aprovechar para inventarles cuentos.
“Los niños nunca van a hablar de algo que no han vivido. Cuando ellos mencionan cosas sexuales es porque lo vieron o se los hicieron (…) hay que saber que son niños y desconocen totalmente del tema, por eso hay que creerles”, señala el teniente José Daniel Ortiz del Grupo de Delitos Sexuales.
Círculo familiar
En un 70 por ciento de los casos, las niñas son las principales víctimas de los abusos sexuales. La lista de abusadores la encabezan los padrastros, seguida de tíos, primos, abuelos, amigos, conocidos, vecinos, padres biológicos y extraños.
Para el teniente Ortiz es importante que los padres de familia no reprendan a sus hijos diciéndoles que “si se portan mal, le voy a decir a la Policía que se lo lleve”, puesto que ello genera miedo hacia las autoridades, haciéndolos ver como el ‘coco’, en vez de amigos, que pueden escucharlos.
Al contrario -señala- hay que generar en el niño una confianza hacia las autoridades, pues ellos pueden ir a una estación y denunciar lo que les está pasando.
“Tampoco hay que pegarle a los niños cada vez que hacen algo malo, porque ello causa que en el momento que pasen delitos sexuales crean que van a castigarlos y mejor guardan silencio. Así estas situaciones siguen presentándose”, señala el oficial.
Síndrome de acomodación
El no creer lo que los niños cuentan a sus padres, en torno a delitos sexuales, puede generar el síndrome de la acomodación, que es cuando los menores aceptan lo que sucede en su entorno porque nadie les cree, lo que a futuro les traerá repercusiones.
“Muchas veces por temor al qué dirán o por falta de recursos no denuncian los casos. Aunque sea un proceso doloroso hay que hacerlo. Hay que felicitar y apoyar a los niños y padres de familia cuando se deciden a contar lo que lo que les ocurre”, agrega el teniente Ortiz.
