Washington estaría trabajando con discreción en un plan alternativo para Venezuela ante la posibilidad de que el frágil equilibrio sostenido por Delcy Rodríguez se desmorone.
Según un reportaje del periodista David Alandete, publicado en el diario español ABC, la administración del presidente Donald Trump habría comenzado a diseñar un “Plan B” basado en la creación de un «consejo tecnocrático de emergencia», una especie de estructura provisional que asumiría la gestión del país si la actual jefa interina del chavismo pierde el control.
El objetivo, según fuentes consultadas por el diario español, no es una transición democrática inmediata, sino garantizar estabilidad y evitar el caos tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, en una operación militar ordenada por Trump y ejecutada por fuerzas especiales estadounidenses.
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En la Casa Blanca, la palabra clave en estos momentos no es “democracia”, sino “estabilidad”, señalaron los asesores citados por Alandete, corresponsal en Washington del medio ibérico.
Igual que en Gaza
El plan, inspirado en el Consejo de la Paz que Trump impulsa para Gaza, se concibe como un órgano temporal de gobierno integrado por expertos civiles, sin cuotas partidistas ni aspiraciones políticas.
Tendría competencias limitadas en áreas críticas como economía, energía, sanidad, infraestructura y seguridad interna, con el fin de mantener en funcionamiento los servicios esenciales mientras se reorganiza el poder político venezolano.
“Lo único peor que una continuidad autoritaria es el caos”, habría dicho una fuente del entorno presidencial estadounidense, reflejando la prioridad pragmática de evitar un colapso total del Estado chavista.
La Casa Blanca considera que el aparato burocrático aún bajo control de Rodríguez cumple una función útil para mantener el orden, pero no lo ve sostenible. En ese escenario, el consejo tecnocrático actuaría como un “paracaídas institucional”, activado solo si el régimen colapsa o si Delcy es desplazada por un golpe interno.
Delcy, la pieza provisional
Alandete detalla que Trump mantiene contacto directo con Delcy Rodríguez, a quien ha calificado incluso como una “interlocutora válida”.
Sin embargo, esos elogios no responden a simpatía ideológica, sino a una estrategia de control sobre el proceso de transición. En palabras de una fuente citada por el periodista, la vicepresidenta chavista es, por ahora, “una herramienta funcional” para evitar el vacío de poder y contener la violencia.
El reportaje también reveló que Delcy habría mantenido reuniones secretas en Doha con agentes de la CIA y funcionarios rusos meses antes de la caída de Maduro.
Estos encuentros, celebrados bajo mediación de Qatar, buscaban explorar escenarios de salida controlada del dictador y garantizar la supervivencia del régimen sin recurrir a un enfrentamiento directo con Washington.
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María Corina, el activo estratégico
Mientras Delcy cumple un rol temporal, la líder opositora María Corina Machado se mantiene al margen del engranaje transicional.
Según el texto, Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, buscan proteger su imagen política y evitar que asuma responsabilidades impopulares durante la fase de estabilización. La idea es reservarla para un futuro proceso electoral, una vez se consolide el nuevo orden institucional.
Un diplomático estadounidense citado por ABC resumió el razonamiento así: “A María Corina no la puedes poner en un sitio donde cargue con el coste de una estabilización”.
Petróleo y fronteras: Los intereses de fondo
El plan de Trump para Venezuela se apoya en dos ejes estratégicos: petróleo y fronteras.
Washington quiere impedir que un vacío de poder convierta el país en terreno fértil para redes criminales y alianzas hostiles con Rusia, Irán, China o Cuba. A la vez, busca crear condiciones para reactivar la industria energética venezolana bajo licencias y supervisión estadounidense.
Analistas como Walter Molina interpretan que este enfoque confirma que la prioridad de Trump no es derrocar al chavismo, sino rediseñar el Estado venezolano bajo tutela occidental.
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Para Molina, el “rodrigato” actual —como llama al poder provisional de Delcy Rodríguez— es funcional mientras esté bajo supervisión estadounidense. Pero si esa tutela se rompe, el chavismo volvería “a su naturaleza inevitable: autoritaria y aliada de Moscú y La Habana”.
Por eso, la Casa Blanca avanza en silencio en un esquema de emergencia que podría activarse en cuestión de horas. En palabras de una fuente citada en el reportaje, “no es un gobierno perfecto, es un gobierno posible”.
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