El único ‘pecado’ de Camilo Andrés Rojas Rey fue acompañar al equipo de sus amores, el Atlético Bucaramanga, hasta Cúcuta. Allí, en una jornada que debía girar alrededor del fútbol, los goles y la fiesta en la tribuna, su destino quedó sellado, demostrando que ese día el partido fue lo menos importante para un grupo de asesinos, ‘disfrazados’ de hinchas.
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El joven, de 24 años, llegó a la ciudad en la mañana del pasado lunes, 26 de enero, al igual que muchos otros aficionados bumangueses, él venía con un grupo de amigos, con el cual había quedado de encontrarse tras el partido.
Tal como lo habían planeado, Camilo llegó a una estación de servicio, sobre las seis de la noche del pasado martes, ubicada al margen del Canal Bogotá, a la altura de la calle 2, sin ninguna prenda distintiva del equipo leopardo, se quedó en el sitio aproximadamente 20 minutos hasta que llegaran sus compañeros.
Hasta el momento, no se sabe qué estaban haciendo, ni por qué tardaron en llegar. Lo cierto es que, para su mala fortuna, fue avistado por un grupo de barristas del Cúcuta, que pasaron por la zona y lo vieron sospechoso, según informaron fuentes judiciales.
El grupo, de por lo menos seis personas, empezaron a increparlo, a pedirle que se identificara, para luego obligarlo a levantarse la camiseta. Tras esto, lo habrían golpeado sin piedad. En un desesperado intento por salvar su vida, el joven salió corriendo.
Recorrió por lo menos una cuadra, hasta llegar al separador de la Diagonal Santander donde, malherido, fue alcanzado por los desadaptados, quienes no tuvieron piedad y uno de ellos le propinó la estocada final, una puñalada.
Sin camiseta y totalmente ensangrentado, Camilo cayó al suelo, los asesinos se fueron, dejándolo en el sitio ante la mirada de algunos transeúntes, que lo rodearon en sus momentos finales.
La Policía fue alertada sobre el caso y arribó a la escena, encontrándolo gravemente herido. Lo trasladaron a un centro asistencial, pero no había nada que pudieran hacer, sus lesiones eran demasiado graves y su nombre quedará como el protagonista de, casi, una ejecución pública.
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Un profesional
Lejos de casa, solo, tras pasar momentos de terror, murió Camilo, quien era un apasionado veterinario en su natal Bucaramanga, su vida, marcada por los viajes, acabó en Cúcuta, tras una jornada marcada por la violencia y la tragedia.
Francia, Indonesia, Australia y Brasil fueron algunos de los destinos a los que logró viajar Camilo en vida, fue precisamente en el país carioca en el que vivió una experiencia única marcada por el fútbol, como se supone que sería su visita a Cúcuta.
Fue a mediados del año pasado, cuando viajó por su cuenta hasta la ciudad de Belo Horizonte, donde vio a su amado equipo jugar contra el Atlético Mineiro por la Copa Sudamericana.
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‘Se me fue mi vida entera’
Aquella tarde, en el estadio General Santander estuvo marcada por la violencia, tanto antes, como durante y después del partido, no solamente en los alrededores, sino en las gradas, donde violentos hicieron una ‘cacería de leopardos’, incluso golpeando a varias personas señaladas como hinchas del equipo visitante.
Todas las instituciones, tanto del ámbito deportivo como de otros sectores, se manifestaron rechazando profundamente lo sucedido por medio de comunicados. Uno de los mensajes más sentidos fue publicado por el mejor amigo de Camilo.
“Mientras escribo esto con las manos temblorosas, un nudo en la garganta y los ojos llorosos, recuerdo cada momento compartido durante estos 13 años. Nunca voy a olvidar el momento cuando abracé a su mamita con el corazón destruido y me dijo: ‘se me fue mi vida entera’”, publicó en Facebook el hombre, que se trasladó desde La ciudad de los Parques para acompañar a la familia en las diligencias para reclamar el cadáver.
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