William conduce un autobús que atraviesa a diario una vasta zona popular del oeste de Caracas. Vive de ello, pero tuvo que parar cuatro meses mientras buscaba angustiado un carburador que le permitiera seguir trabajando.
Fue víctima de la escasez de repuestos que tiene paralizada a la mitad de la flota de transporte público en Venezuela.
“El carburador de este carro se nos echó a perder. No conseguíamos el repuesto, tuvimos que parar cuatro meses, buscarlo por ahí”, relató William Faneite, de 51 años.
Durante un recorrido en un destartalado bus azul de 1987, se quejó de que cuando al fin lo consiguió, el precio era “súper elevado”.
Lo costeó el dueño del vehículo, pero para él fueron cuatro meses sin ingresos, pues, sin un contrato fijo, le pagan una comisión por pasajero.
Piezas como neumáticos y baterías son muy difíciles de encontrar y, si las hay, se tornan impagables.
William cuenta que los conductores terminan comprándolas en el mercado negro, donde el costo se quintuplica frente a los precios regulares.
En ocasiones no queda más que canjear repuestos con compañeros. “El 50% de la flota está inactiva en todo el país y la situación va agravándose”, aseguró el presidente de la Federación Nacional de Transporte, Erick Zuleta, quien precisó que más de 100.000 colectivos están fuera de servicio.
Desde 2014, el gobierno vende a los choferes neumáticos, baterías y aceite a precios subsidiados, pero la oferta es insuficiente. “No hay, no hay, no hay”, es la respuesta que William escucha a diario.
En el transporte interurbano, la parálisis afecta al 80% en algunas rutas, añadió. “Es imposible operar con las actuales tarifas”, declaró el dirigente gremial Hugo Ocando en un galpón donde un puñado de mecánicos trabajaba para salvar unos 20 buses.
La situación del transporte interurbano, en tanto, es una tortura para usuarios como Ginette Arellano, de 42 años, quien refiere “viajes eternos” entre Barquisimeto, donde vive, y Caracas.
