Torturados, quemados, amarrados y atacados con machete. Así fueron encontrados los cadáveres del nortesantandereano Niber Albeiro Ortiz Ardila, de 24 años, y el venezolano Pedro Manuel Sánchez Navas, de 20, en Caucagua (estado Miranda, Venezuela).
Ortiz era natural de La Playa de Belén. Dejó dos hijos.
Los dos hombres salieron de viaje el 5 de agosto, desde San Cristóbal (estado Táchira), con destino a Maturín, en busca de un repuesto para un carro que ya habían comprado previamente.
Según los familiares de Niber, su pariente emprendió el viaje a las 2:00 de la mañana del miércoles y hasta las 8:30 de la noche tuvieron la última comunicación telefónica, en la que les aseguró que estaba cerca a Caucagua.
Después de las 10 de la noche de ese día, los teléfonos celulares no volvieron a repicar.
Según Numael Ortiz, padre de la víctima, sus parientes tuvieron que investigar por sus propios medios y pagarle a un cuerpo de seguridad para lograr ubicar, el sábado, el paradero de su hijo y el de su compañero de trabajo.
Ortiz considera que fueron víctimas de un robo y que por evitar que denunciaran fueron torturados y desaparecidos.
“Según me dijo un camionero, a ellos los tuvieron varios días amarrados mientras les robaban el carro y las cosas. Les pidieron las claves de las cuentas, pero al parecer no las dieron porque no se ha reportado ningún retiro de dinero”, dijo Numael.
Asimismo, exigió a la Cancillería de Colombia que se inicie una investigación conjunta con las autoridades del vecino país para esclarecer el doble crimen.
“Esto ya no tiene remedio, pero no quiero que le pase a nadie más”, dijo.
Otra de las parientes que viajó hasta Venezuela, aseguró que tras poner la denuncia de la desaparición en el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), fueron perseguidos por seis motocicletas y una camioneta, con armas de largo alcance.
Rechazó los obstáculos y las amenazas por parte de algunos miembros del Cicpc a la hora de denunciar.
“Nos dijeron que si íbamos hasta el lugar, no regresaríamos”, agregó.
Las víctimas se dedicaban al comercio y trabajaban repartiendo alimentos en escuelas de Venezuela.
Los cadáveres estaban en alto estado de descomposición.
