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Venezuela
‘Experimento con telas, tejidos y cerámica’
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Sábado, 3 de Agosto de 2013

La ceramista Isabel Cisneros, nacida en Caracas, es una de las más reconocidas y talentosas del gremio artístico venezolano. A los 15 años se inició en las artes y desde entonces ha desarrollado una trayectoria envidiable por muchos en el oficio.

Sentada sobre una de las bardas del Museo Centenario Norte de Santander y Ciudad de Cúcuta relató los más bellos recuerdos que guarda en su interior.

Aun mantiene viva la imagen de cuando tenía dos años y veía a su mamá trajinando con telas y haciendo trabajos en cerámica.

“Quizá ese hecho hizo que me inclinara al material. A esa edad mi mamá falleció y cuando fui creciendo reconocí todas las cosas de ella que quedaron en la casa y se conservaron con afecto”.

Como artista se inició en el torno y en la cerámica utilitaria. Al graduarse del bachillerato estudio literatura, montó su taller y cursó un posgrado en museos.

A su paso por Cúcuta, invitada por el grupo Salvador Moreno para ser una de las jurados del Salón del Fuego, también habló de sus vivencias.

¿Qué la identifica?

Lo textil.

¿Técnica que trabaja?

El tejido.

¿Tendencias exploradas?

El abstraccionismo geométrico.

¿Con qué experimenta?

Con telas.

¿Primera obra?

Unas piezas torneadas que las conservo como un tesoro.

¿Colores qué predominan?

Tengo una tendencia muy fuerte al blanco y al negro que estoy tratando de eliminar. Trabajo la arcilla desnuda, una pasta de porcelana y eso me genera cierto miedo hacia el color.

¿Influencias artísticas?

Muchas. De Colombia son Olga de Amaral y María Fernanda Cardoso. Hay una contemporánea que me interesa mucho, la americana Tara Donovan.

¿Ceramistas admirados?

Muchos venezolanos y de Colombia tengo especial admiración por Carol Johan.

¿Exposición más recordada?

Una de Tunga, el artista brasilero. La vi en Venezuela y eran unas piezas que se movían, porque eran una lámina de metal con limadura de imán y cuando se pasaba la mano se  movía. Además, había un contrario que era una lámina de imán con limadura de metal, eso me marcó para el resto de mi vida.

¿La obra más luchada?

La tengo conmigo, es muy pesada y densa aunque no es muy grande. Se trata de un tejido del que me tomó muchísimos días hacer el modulo, días entretejerlo, me pinchaba las manos, me dolía la espalda, estaba muy triste, lloré mucho y terminé llamándolo ‘Vellocino’ porque estaba muy marcada por una película y sentía que era como que le hubieran arrancado la piel a un animal.

¿Cómo mantiene el equilibrio ambiental?

La arcilla es un material orgánico y al quemarlo se convierte en inorgánico. Sin embargo, tiendo a trabajar con plásticos y las veces que he trabajado con materia orgánica, semillas, madera, cuero, escamas, conchas, me da cierto pudor y les guardo respeto.

¿Frase que la identifica?

Seguir intentando y disfrutando.

¿Qué concepto le merece el arte en Cúcuta?

Estoy sorprendida del dominio técnico, observé un grueso de obras y abordan conceptualmente los temas. Se están haciendo convocatorias con muy buena receptividad y eso es importantísimo.

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