El fotoperiodista Mariano Vimos Maciá, integrante de la agencia de noticias Colprensa, fue víctima de un hurto a las afueras del estadio Nemesio Camacho, El Campín, en Bogotá, mientras tomaba fotografías de las hinchadas que llegaban a ver el partido de vuelta de la final de la primera Liga Betplay de 2024 entre Santa Fe y Bucaramanga.
Antes de entrar al complejo deportivo, Vimos utilizaba su cámara para retratar las emociones de quienes querían ingresar al estadio con más de dos horas de anticipación. Varias personas aficionadas estuvieron gritando arengas, mayormente de Santa Fe. Unas diez personas luego se acercaron al reportero y, según cuenta, lo intimidaron.
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“Me rodearon, empezaron a saltar y me estaban hostigando mucho”, narró desde El Campín el fotógrafo. “Me di cuenta de que lo que querían era robarme, así que me emputé y me fui de ahí”, contó. Intentando alejarse de los individuos, cruzó algunas palabras, como “quítense, me quiero ir”, y continuó su labor con varios pasos de distancia de ellos.
Pero lo volvieron a abordar. Ante la presión de un grupo que claramente superaba en cantidad a Mariano, la desesperación lo llevó a confrontar a las personas, quienes tenían vestimenta de apoyo a Santa Fe y conocían las arengas del equipo rojo. “¿Me van a robar o qué?”, les espetó justo antes de notar que ya no tenía consigo uno de sus lentes.
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El lente robado era un objetivo 70-200 mm, cuyo precio en el mercado colombiano, aunque depende de la marca que lo comercialice, supera los diez millones de pesos. Además del objeto, los supuestos aficionados abrieron la maleta del reportero y retiraron el soporte del lente. “Me hostigaron demasiado”, insistió Mariano.
“Me puse a forcejear con uno, a ver si tenía el lente, pero evidentemente esta persona no lo tenía. Nada, ahí medio me resbalé, me caí, se me rompió un filtro de otro lente que tenía guardado en la maleta, que menos mal no lo alcanzaron a sacar”, expresó el fotorreportero de Colprensa. Los obstáculos de su jornada no terminaron ahí.
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El paso siguiente, en medio de la angustia, fue buscar a un agente de Policía que pudiese escucharlo, pero “no había ni un solo policía en la zona”. Cuando logró caminar a otro lugar cercano, encontró a un uniformado que lo recibió con gestos despectivos, “levantándome las manos y arrugándome la cara, diciéndome como ‘¿yo qué puedo hacer?’”.
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