Con las banderas amarillas se busca que el gobierno local y departamental ubique y priorice la entrega de ayudas humanitarias a la población más necesitada.
Desde hace más de un mes, Alfredo Sinisterra, 68 años, vive de la caridad de sus vecinos en Tibú, pues desde que el Gobierno Nacional decretó el aislamiento obligatorio, no pudo seguir rebuscándosela en la calle para poder llenar sus despensas.
Sinisterra, deambulaba a diario a paso lento por las calles de Tibú apoyándose de un bastón y con su inseparable sombrero, se ganaba la vida haciendo mandados en la Alcaldía por un par de monedas.
Y es que aunque sufre desde hace un par de años de parkinson, el anciano, desplazado de Guapi (Cauca) por la violencia no tenía otra forma de subsistir, por lo que ante la cuarentena por la COVID-19, quedó desamparado.
Ahora, su única esperanza para poder alimentarse es colgar al frente de su casa en el barrio El Triunfo, una bandera amarilla, para indicar que allí hay una persona con discapacidad que necesita ayuda.
Esta inusual iniciativa es promovida por la representante de la población discapacitada de la Mesa Departamental de Víctimas, Carmen García, con el apoyo de la Asociación del Catatumbo por la Paz, asociaciones de discapacitados, y líderes comunitarios.
“Hemos visto como en algunos municipios se ha tomado la bandera roja para identificar los hogares donde no hay alimentos, y nos ideamos poner la bandera amarilla para hacer énfasis en una población que está aún más desamparada como lo son las personas con discapacidad”, indicó García.
La lideresa aseguró que decenas de familias de esta población están padeciendo con mayor crudeza la cuarentena porque muchas de ellas subsistían con lo que conseguían en la calle.
Por esta razón, desde ayer, las banderas amarillas empezaron a extenderse en las viviendas de población discapacitada residente en Tibú, El Tarra, Sardinata, Cáchira, entre otros municipios nortesantandereanos.
“Estamos invitando a todas las asociaciones de población con discapacidad del departamento a que se unan a esta campaña para visibilizar las necesidades que tenemos. Esta bandera les permitirá a los mandatarios locales identificar dónde estamos”, recalcó García.
Un pedazo de tela amarillo, una camiseta, o hasta un papel de este color pegado en ventanas y puertas será la señal que podrá facilitar la llegada de ayudas humanitarias a esta población, por lo que García invitó a la institucionalidad, la empresa privada y a las comunidades a contribuir con esta causa.
Doris León, secretaria de la Asociación de Discapacitados del Catatumbo (Asodiscat), aseguró que los cerca de mil afiliados de la asociación ya están en la tarea de poner las banderas amarillas, pues muchos de ellos ya no tienen que comer, y está es su única esperanza de ayuda.
Las ayudas de la Gobernación
Jesús Romero, Alto Consejero para la Población con Discapacidad, indicó que esta semana la Gobernación de Norte de Santander terminó de entregar 1.760 ayudas humanitarias en los 40 municipios de la región. Cúcuta recibió 410 de estos paquetes.
Romero resaltó que si bien la Gobernación no alcanzó a llegarles a las más de 37 mil personas con discapacidad que tiene registradas en el departamento, se trabajó articuladamente con los enlaces de discapacidad de las alcaldías para llegar a las familias más necesitadas, y fueron los entes locales quienes priorizaron a los beneficiados.
Aunque esta primera tanda de ayudas ya fue entregada, Romero no descartó que puedan llegar más provisiones.
“Si desde la Gobernación se hace una nueva compra de ayudas esperamos poder llegarles a más beneficiarios”, agregó.
