A sus 76 años y producto de una grave enfermedad que la tomó por sorpresa en los últimos meses, el jueves falleció en Bogotá la exdirigente nortesantandereana Margarita Silva de Uribe, la primera alcaldesa que eligió Cúcuta por voto popular, en 1988.
Política por pasión y liberal por convicción, Silva construyó a lo largo de muchos años una destacada y reconocida trayectoria que la llevó a ocupar los cargos más importantes de la ciudad y el departamento en el sector público.
El 27 de agosto de 1982, con apenas 33 años, esta abogada cucuteña se convirtió en gobernadora, por designación del presidente de la época, y desde entonces comenzó a allanar el camino de la mujer en la política de Norte de Santander, en momentos en que este ejercicio era un asunto casi que exclusivo para los hombres.
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Su protagonismo fue inmediato y además de estructurar el primer Plan de Desarrollo para el departamento, Margarita Silva diseñó y puso en marcha una de las obras emblemáticas de la ciudad, El Malecón, conocido antes como el Paseo de los Próceres, y con la cual buscaba recuperar el río Pamplonita.
La impronta que dejó durante el año que estuvo al frente de las riendas del departamento la llevó a asumir prontamente otro cargo de gran relevancia en la región, como lo fue la gerencia del Instituto de Seguros Sociales (ISS), desde donde lideró la consecución de recursos propios para la construcción de las sedes de consulta externa en Cúcuta, Ocaña y Pamplona.

La primera alcaldesa elegida
Como la política corría por sus venas desde muy temprana edad, fruto de ese gusto que heredó de su padre Eduardo Silva Carradini, un liberal de vieja guardia en la región, cofundador del diario La Opinión, Margarita Silva asumió una de las hazañas por las que quizás hoy y en adelante muchos la recordarán: ser la primera alcaldesa de Cúcuta elegida en las urnas.
Respaldada por la tolda roja, Silva ganó y asumió la nada fácil responsabilidad de dirigir los destinos de la capital nortesantandereana entre el 1 de junio de 1988 y el 31 de mayo de 1990. En esa primera etapa de la elección popular de alcaldes el periodo era de dos años.
Durante su paso por la Alcaldía vivió momentos memorables, como la restauración del Estadio General Santander, luego de lograr que el Fondo Financiero de Desarrollo Urbano y el Banco Mundial financiaran la construcción. Sin embargo, también debió enfrentar escenarios complejos, como el secuestro por parte de la guerrilla del Eln.
En septiembre de 1990, la entonces alcaldesa fue retenida por miembros de ese grupo armado cuando se desplazaba a llevar a sus hijos al colegio. Los archivos de prensa de la época recuerdan que el hecho ocurrió en las primeras horas del día, sobre la Avenida Cero, frente a los campos de golf del Club Tenis, donde fue interceptada por un par de hombres que vestía uniformes de la división de tránsito y transportes del municipio.
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La alcaldesa fue liberada tiempo después en Bucaramanga y entregada a la iglesia en un intercambio humanitario en el que participaron unos suizos.
Años después, tras una pausa en su vida pública, Margarita Silva retomó la política y se la volvió a jugar por un cargo de elección popular. Inicialmente lo intentó al Congreso de la República, pero no consiguió los resultados esperados.
Entonces, llegó la oportunidad de integrar el Concejo de Cúcuta, en donde estuvo durante dos periodos consecutivos, entre el 2004-2007, y el 2008-2009. Este último no lo terminó, puesto que renunció para asumir como secretaria de Gobierno departamental, en la primera administración de William Villamizar Laguado.
El problema del conflicto en el Catatumbo, principalmente, era un asunto que la inquietaba y tenía muy claro que “la guerra no se gana sola”. Por eso, propendía por enfocarse en los problemas que originaron el conflicto, “porque esa mutación que tiene la violencia está integrada por unos elementos que todavía no hemos podido realmente solucionar”.
Aunque su trayectoria en el Partido Liberal y en la vida pública del departamento seguían demandando su conocimiento, experiencia, talante y convicción, Margarita Silva decidió hacer un pare en 2011 y se mudó a Barranquilla, donde asumió compromisos familiares en el sector privado.
En 2024 se radicó en Girardot, pero seguía conectada con Cúcuta, pues participaba como invitada en un programa radial en donde aprovechaba para reflexionar sobre el quehacer del ejercicio político.

Un gran legado
Quienes conocieron a Margarita Silva de Uribe coinciden en recordarla como una mujer inteligente, preparada, rigurosa y ampliamente conocedora de lo público.
Así mismo, reconocen en ella una liberal disciplinada, comprometida y entregada a la causa de su partido. “Soy liberal por convicción, he asumido siempre mis ideologías porque las creo y estoy convencida de ellas”, dijo en una entrevista con La Opinión en 2009.
No en vano hizo parte de los directorios liberales de la ciudad y el departamento, y recorrió calles, barrios y comunas agitando el trapo rojo, en las mejores épocas de esta colectividad en Cúcuta y Norte de Santander.
Su hija Margarita asegura que la fallecida dirigente valoraba las ideas liberales y de pensamiento, construidas sobre la base del diálogo. “El liberalismo representó para ella ese camino de poder crecer como sociedad y en medio de las diferencias, dándole libertades a todos y convocando. Su lucha siempre fue combatir la desigualdad. Hizo muchos amigos de todos los sectores”, recuerda.
Sobre cómo veía hoy el partido, dice que lo encontraba dividido, con muchos cambios y sin el poder de generar la credibilidad que tenía en los años en que su mamá lo representó.
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Y pese a su carácter fuerte, su energía y el ímpetu que la caracterizaban, Margarita hija destaca que si hay algo que deja su madre como recuerdo entre quienes tuvieron la oportunidad de conocerla es la solidaridad, la capacidad de construir lazos de amistad, la sensibilidad y el valor que le daba al concepto de familia. Esa otra faceta, la de mamá, abuela y amiga, fue a la que, precisamente, se dedicó en sus últimos años.
Silva estuvo casada con Carlos Uribe Peralta (fallecido) con quien tuvo cuatro hijos: Juan Carlos, Paula, Felipe y Margarita; y cuatro nietos: Valentina, María Paula, Natalia y Alejandro.
Sus exequias serán este fin de semana en Bogotá y el próximo domingo su familia tiene previsto adelantar un homenaje en Cúcuta, para que pueda estar rodeada de quienes hoy lamentan su partida.

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