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Así se fraguó la operación “Determinación Absoluta” que derivó en la captura de Maduro
La captura de Nicolás Maduro fue el desenlace de una estrategia escalonada que incluyó sanciones, ataques selectivos, vigilancia militar y una incursión quirúrgica en Caracas.
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La opinión
La Opinión
Domingo, 4 de Enero de 2026

Una operación militar de alta precisión, fraguada durante meses y ejecutada en cuestión de horas, alteró de manera drástica el tablero político de Venezuela y abrió un escenario inédito para el futuro del país.

La captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, en la madrugada de una noche que parecía transcurrir con normalidad en Caracas este tres de enero, fue el desenlace de una estrategia escalonada que combinó presión diplomática, asfixia económica, despliegue militar regional e inteligencia encubierta.

De acuerdo con los detalles revelados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y por el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, la operación, denominada “Determinación Absoluta”, no fue improvisada, sino que se trató de una acción meticulosamente planificada, en la que participaron todas las ramas de las fuerzas armadas estadounidenses y diversas agencias de inteligencia, con un objetivo claro: la extracción quirúrgica del líder del chavismo del poder.

La madrugada del operativo marcó el punto de quiebre. Eran cerca de la una de la mañana, cuando el fuego cayó del cielo en forma de explosiones simultáneas en puntos estratégicos de Caracas como Fuerte Tiuna, La Carlota y el Cuartel de la Montaña, considerados bastiones del aparato militar venezolano.Captura de Maduro en Caracas


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Minutos después, aeronaves comenzaron a surcar el cielo capitalino, confirmando que se trataba de una operación de gran escala. Según las autoridades estadounidenses, más de 150 aeronaves despegaron desde unas 20 bases en tierra y mar a lo largo del hemisferio occidental, en una misión coordinada que se extendió por varias horas.

Helicópteros de extracción volaron a baja altura sobre el mar, protegidos por acciones de cobertura aérea y ataques selectivos. Estas unidades lograron llegar a Fuerte Tiuna, el complejo militar donde se encontraba Maduro, alrededor de las dos de la mañana, hora local.

Pasó poco tiempo para que Maduro junto a su mujer se viera rodeado por los soldados estadounidenses, y aunque intentó escabullirse a un ‘lugar seguro’ -un búnker de grueso acero- fue anticipado por sus captores, quedando sin más opción que la rendición.

El general Caine explicó que durante la incursión se produjeron varios enfrentamientos en “defensa propia”, antes de que las fuerzas estadounidenses abandonaran territorio venezolano cerca de las 4:30 a.m., con Maduro y Flores bajo custodia.

El traslado posterior al portaaviones USS Iwo Jima y su envío a Estados Unidos para enfrentar procesos judiciales fue presentado como el cierre operativo de una misión en la que, según Caine, “el fallo de un solo componente habría puesto en riesgo toda la operación”. Sin embargo, el éxito táctico fue apenas la culminación visible de una estrategia que se venía construyendo desde meses atrás.


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¿Cómo se fraguó el plan?

Captura de Maduro en Caracas

Analistas coinciden en que el regreso de Trump a la Casa Blanca marcó un cambio sustancial en la política exterior de Estados Unidos hacia Venezuela. El politólogo Enderson Sequera en su análisis para el portal venezolano Efecto Cocuyo, describió al menos tres fases claramente diferenciadas.

La primera fue de carácter transaccional, con el envío del diplomático Richard Grenell para negociar liberación de ciudadanos estadounidenses detenidos, intercambios de deportados y licencias petroleras. La segunda etapa, ya bajo la conducción directa del secretario de Estado, Marco Rubio, puso el énfasis en el combate al narcotráfico y dio paso al despliegue militar en el Caribe a partir de agosto de 2025.

La tercera fase, decisiva para el desenlace, consistió en ataques selectivos contra embarcaciones en aguas internacionales, señaladas de transportar drogas hacia Estados Unidos. Estas acciones, sumadas al aumento de la vigilancia aérea y naval, configuraron un mensaje directo hacia Miraflores: la presión iría en aumento si no se producía una negociación para la salida de Maduro del poder.

De acuerdo con Sequera, la negativa del gobierno venezolano de interpretar estas señales como advertencias reales terminó precipitando la decisión de Washington de ejecutar una acción directa.

A ello se sumaron informes de inteligencia que vinculaban estructuras del régimen con redes de narcotráfico, así como la designación del denominado Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera, lo que amplió el margen legal de actuación estadounidense.


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En paralelo, el despliegue militar en el Caribe fue acompañado de una estrategia de asfixia económica. Incautaciones de buques petroleros sancionados, destrucción de lanchas rápidas utilizadas para el tráfico de drogas y el anuncio de un eventual bloqueo naval total incrementaron la presión sobre el régimen.

Según reportes de medios internacionales, hasta finales de diciembre de 2025 se habían destruido al menos 30 embarcaciones, con más de un centenar de tripulantes muertos en operaciones vinculadas al combate al narcotráfico.

Mientras tanto, desde Caracas, el discurso oficial osciló entre la denuncia de supuestas agresiones externas y la minimización de los hechos.

Altos voceros del chavismo insistieron en que “todo estaba en paz”, incluso cuando se registraban sobrevuelos de cazas estadounidenses en zonas cercanas al Golfo de Venezuela y explosiones en estados como Zulia, confirmadas posteriormente por autoridades regionales de países vecinos.

El detonante final

El fracaso de los contactos directos entre Trump y Maduro, revelado por el propio mandatario estadounidense, parece haber sido el detonante final. Analistas militares consultados por medios especializados advertían desde comienzos de enero que, de confirmarse ataques en tierra, el escenario más probable sería una escalada hacia objetivos estratégicos y eventualmente la extracción de figuras clave del poder chavista.

Con la captura de Maduro, quien será judicializado por delitos de terrorismo, conspiración para importar cocaína, narcotráfico y corrupción de instituciones públicas para proteger envíos ilegales de drogas y alianzas con grupos narcoterroristas extranjeros, el foco se desplaza ahora hacia el escenario político interno venezolano y lo que puede venir en los próximos días o semanas.

Aunque la operación representó un golpe sin precedentes, distintos analistas advierten que el régimen no se desmantela automáticamente.Captura de Maduro en Caracas


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Figuras como Diosdado Cabello, con control sobre cuerpos policiales, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, al frente de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, han llamado a la resistencia y a la cohesión interna frente a lo que califican como una agresión militar.

La incertidumbre también se extiende a la conducción del poder en ausencia de Maduro, con la vicepresidenta Delcy Rodríguez y el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, fuera del país en el momento de los hechos. Este vacío plantea interrogantes sobre la viabilidad de una transición inmediata y ordenada.

Para Sequera, el bombardeo y la captura no garantizan por sí solos una transición democrática. A su juicio, los sectores que aún controlan estructuras de poder buscarán resistir, priorizando su supervivencia política y judicial. El desarrollo de los acontecimientos dependerá de señales concretas, como el tratamiento judicial que reciban Maduro y Flores en Estados Unidos, posibles ultimátums a la cúpula chavista restante y la reacción de la comunidad internacional.Captura de Maduro en Caracas

En este contexto, el país entra en una fase de alta incertidumbre, en la que convergen presiones externas, tensiones internas y expectativas de cambio. La operación “Determinación Absoluta” marcó un antes y un después en la crisis venezolana, pero el desenlace final aún está por escribirse.


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