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Hoy cumpliría 42 años Deivi Pacativa, el carpintero asesinado en su trabajo en Cúcuta
Su familia se prepara para despedirlo mientras las autoridades aún no tienen una hipótesis clara del crimen.
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La opinión
La Opinión
Viernes, 13 de Marzo de 2026

El viernes 13, fecha asociada a la mala suerte, terminó convirtiéndose en una dolorosa realidad para la familia de Deivi Javier Pacativa Coley. Lo que debía ser la celebración de su cumpleaños número 42 se transformó en un velorio, tras su violento asesinato.


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Desde Bucaramanga tuvo que viajar su hijo mayor para asistir al funeral. Mientras tanto, la otra hija del hombre, quien aún es menor de edad, no pudo estar presente, pues vive en Chile con su mamá.

La familia Pacativa se reunió tras esta muerte violenta y aún inexplicable. Hoy se preparan para darle la última despedida en su natal ciudadela de Juan Atalaya, donde vivió, creció y murió en la tarde del miércoles, 11 de marzo.

Allí se dedicó siempre a la carpintería, vocación con la cual logró su sustento y, antes de morir, era quien se hacía cargo de sus padres. Sus familiares compartirán sus últimos momentos en una sala de velación del barrio Comuneros.


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Sus allegados lo recuerdan como un hombre muy alegre y trabajador, que disfrutaba pasar momentos agradables con sus seres queridos, compartiendo unas cervezas.

“Él era muy alegre, pero no se ‘dejaba’. Si lo buscaban, él respondía. Sin embargo, nunca nos dijo nada de problemas o deudas”, mencionó una de sus hermanas, sorprendida ante la noticia.

Deivi era conocido como Jackie Chan entre sus cuatro hermanos menores y demás familiares, no precisamente por sus habilidades para pelear, sino por sus característicos ojos rasgados. Vivió casi toda su vida en la misma casa, ubicada en la calle 4 con avenida 4 del barrio Chapinero, aunque hace poco se había mudado a una habitación arrendada, en busca de un poco de independencia.


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Su último día

Deivi fue a trabajar como de costumbre. Ese día llegó a la carpintería ubicada en la calle 4, entre avenidas 9 y 10. El aserrín y el ruido de las herramientas acompañaron su última jornada laboral.

Sobre el mediodía de ese jueves, como era habitual, después de almorzar fue a la tienda del frente a “pedir fuego”. Entre risas y lamentos, la tendera recuerda que le respondió: “¿De cuál?”, ante lo cual ambos rieron. Luego le encendió un cigarrillo que él había comprado más temprano. Esa sería su última interacción con él.

“De vez en cuando venía a comprar cigarrillos o a pedir fuego. Siempre fue muy respetuoso y trabajador”, comentó la mujer, quien además aclaró que la zona tampoco es problemática.

Pasadas las seis de la tarde y concluido su turno de trabajo, Deivi entró al baño a ducharse, mientras su jefe, uno de los otros dos hombres con los que trabajaba en el taller, cerró el portón.

Tras unos minutos, Deivi salió del baño y se vistió, listo para irse a casa. Pero la tragedia lo alcanzó antes.

Apenas dio un paso afuera cuando sonaron tres golpes en el portón. El jefe atendió el llamado y escuchó:

- ¿Está Deivi?


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Al tratarse de una solicitud con nombre propio, seguida de la presunta intención de cotizar un trabajo, el hombre no dudó en abrir la puerta.

El sujeto entró y vio a su objetivo. De inmediato se abalanzó sobre él y, a medio camino, sacó un arma de fuego con la que le propinó un golpe con la cacha en el rostro.

Deivi cayó aturdido al suelo, completamente indefenso ante lo que vendría después. Seis disparos resonaron en el taller y le quitaron la vida en el acto, ante la mirada perpleja del jefe.

El asesino salió del lugar, se subió a una motocicleta y se perdió en la oscuridad de la noche.

Minutos después, la comunidad alertó a las autoridades. Uniformados llegaron al sitio, acordonaron la zona y posteriormente la Brigada Interinstitucional de Homicidios (Brinho) realizó el levantamiento del cuerpo, ante la mirada de decenas de curiosos que salieron a la calle.

Hasta ahora no se ha establecido una hipótesis concreta que explique este violento asesinato.


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