Con el dolor clavado en el alma y sin poder contener las lágrimas, la madre y la hermana de Estiven Ascanio enfrentaban uno de los momentos más duros de sus vidas en una funeraria, mientras realizaban los trámites para despedirlo. A pocos metros, ajeno a la tragedia, su pequeño hijo jugaba con una fotografía y repetía “papá”, sin entender que acababa de perderlo para siempre.
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El niño, de apenas dos años y tres meses, es el reflejo de lo que alguna vez fue un apasionado hincha del Cúcuta Deportivo.
Estiven fue víctima de un crimen rodeado de misterio. Su cuerpo fue hallado en un terreno baldío, frente a las torres Los Estoraques, en la ciudadela Juan Atalaya, un lugar que frecuentaba y que terminó siendo el último escenario de su vida, a los 19 años.
El hallazgo se produjo en la tarde del lunes, 23 de marzo. El joven yacía bocabajo sobre la tierra, sin zapatos, con una pantaloneta azul a la altura de los muslos y una camiseta blanca teñida de rojo por la sangre de las heridas de bala que le propinó un desconocido.
Un habitante del sector fue quien encontró el cuerpo al ingresar a la zona boscosa. De inmediato alertó a las autoridades, que llegaron al lugar mientras la comunidad comenzaba a congregarse. Algunos lograron reconocerlo.
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En el cuerpo no había documentos ni pertenencias. La ausencia de zapatos hace presumir que, además del homicidio, pudo haber sido víctima de hurto.
Aunque la familia desconoce quién era y cómo obtuvo su número, la madre de Estiven recibió una llamada de un supuesto amigo que le informó lo sucedido. Con el corazón destrozado, se dirigió al sitio junto a la pareja sentimental del joven.
Las lágrimas no cesaron mientras el personal de la Brigada Interinstitucional de Homicidios (Brinho) realizaba el levantamiento del cuerpo.
En la sala de la funeraria
Mientras adelantaban los procedimientos funerarios, un pensamiento cruzó la mente de la madre: el Cúcuta Deportivo jugaba ese día. Una pasión que los unía profundamente, pues, según relató, su hijo era rojinegro incluso antes de nacer.
“Yo siempre he seguido al equipo, y cuando estaba por nacer, la abuela le regaló un conjuntico del Cúcuta”, contó la mujer, quien hoy ve en su nieto el reflejo exacto de su hijo.
Su cabello claro, la sonrisa pícara e incluso los berrinches cuando no consigue lo que quiere quedarán como el recuerdo de su padre, un cucuteño de toda la vida que murió en la tierra que lo vio crecer.
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Desde el pasado sábado
La última vez que supieron de Estiven fue en la noche del sábado, cuando madre e hijo estuvieron en una fiesta que transcurrió con normalidad. Más tarde, ella lo llamó porque necesitaba unas llaves y un teléfono que él tenía.
El joven fue hasta la casa, en el barrio Belisario, entregó las pertenencias, se despidió como en cualquier otra ocasión y no volvieron a verlo. Dos días después, recibirían la trágica noticia.
Al momento del hallazgo, el cuerpo llevaba más de 12 horas sin vida. Fuentes judiciales estiman que el homicidio ocurrió en la madrugada del domingo.
Sin embargo, habitantes del sector aseguraron que esa noche escucharon varios disparos, que podrían estar relacionados con el asesinato de Estiven.
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