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Frontera
Se los llevaron de un partido de fútbol para asesinarlos
Cinco jóvenes sería el total de plagiados. De los otros tres, hasta el jueves, no ha habido noticias.
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Jueves, 2 de Junio de 2016

Dos de los jóvenes que el pasado lunes fueron plagiados por un grupo de sujetos armados, que los sorprendieron mientras jugaban fútbol en una cancha de una barriada de Ureña,  fueron localizados maniatados y asesinados a tiros, el martes en la mañana en la aldea Tienditas, del mismo municipio Pedro María Ureña.

Las víctimas son: Ángel Eduardo Manrique Castro, de 18 años, y Jackson Brandon Salazar, de 21,  domiciliados en el sector Las Flores, muy cerca de donde se sitúa la cancha deportiva donde se hallaban jugando.

Según se conoció, un grupo de desconocidos irrumpió sorpresivamente, a última hora de la tarde,  y escogió a varios de los muchachos  –aseguran que fueron al menos cinco, entre los que se encontraban Manrique y Salazar- y se los llevaron por la fuerza, con rumbo y propósito desconocido.

Tras esta situación, el campo deportivo quedó vacío y quienes tuvieron la fortuna de no ser “seleccionados”, abandonaron el lugar. De hecho, ninguno dio aviso de lo ocurrido a los familiares de los plagiados.

Momentos de desesperación vivieron los parientes, al no ver regresar a los jóvenes y no dar con su paradero.

Las autoridades locales de Tienditas fueron alertadas sobre la presencia de los dos cadáveres baleados en el puente nuevo de Tienditas, a orillas del río Táchira y a unos 100 metros de territorio colombiano.

Al momento que funcionarios de Politáchira y del Ejército llegaron al lugar no lograron identificarlos, puesto que no portaban ningún documento de identidad. Fue poco después cuando los familiares de ambos, pudieron reconocerlos.

De Ángel Manrique se pudo conocer que en diciembre del año pasado arribó a sus 18 años y decidió dejar de estudiar en la Escuela Técnica de Ureña, para dedicarse a trabajar a fin de ayudar económicamente a su familia.

Primero, laboró en una fábrica de plásticos que cerró  posteriormente por falta de materia prima. Luego, trabajó vendiendo en una venta de verduras, la cual también cerró, sin embargo continuaba buscando un trabajo fijo y estable.

Según sus allegados, la pasión de Ángel Eduardo era jugar fútbol y no tenía problemas para que le quitaran la vida.

Sobre Salazar se indicó que también era un muchacho “sano”, que se hallaba en busca de trabajo en vista de que su pareja está a punto de dar a luz y él no quería que a su hijo le faltara nada.

Señalan por esta razón, que desconocen los motivos por los cuales estos jóvenes fueron seleccionados, por el grupo de desconocidos que luego les causaron la muerte después de seguramente, torturarlos.

Para las autoridades (que tratan de establecer si realmente hay otros tres muchachos desaparecidos), la autoría del hecho se baraja entre los paramilitares que operan en la frontera o alguno de los mafiosos del contrabando que hacen vida en la zona.

Lo ocurrido trae a la memoria el triste y trágico caso al que se le llamó el de “Los Maniceros”, ocurrido en 2009 en la zona sur del estado Táchira, donde un grupo de desconocidos armados también se llevó de una cancha de fútbol de Chururú a 12 muchachos que conformaban un equipo de fútbol, luego de ir leyendo sus nombres en una lista que llevaban.

Los cadáveres de estos jóvenes, que en su mayoría vendían maní en el sector, de allí la denominación que se le dio al caso, fueron apareciendo con el pasar de los días, y solo uno logró sobrevivir.

Diario La Nación para La Opinión

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