Familias que fueron deportadas de Venezuela y luego atendidas por el Gobierno nacional en los albergues de Cúcuta volvieron a las calles asegurando que no tienen dónde dormir ni qué comer.
Son unas 70 personas, entre adultos y niños, que deambulan por los parques, según ellas, porque el gobierno los olvidó.
Eustoquio Rivera Gómez, uno de los connacionales oriundo de la vereda Guacamaya, en Puerto Inírida (Guainía), reclamó ayudas y la presencia de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo.
“Tenía una finca, ganado y una familia, pero me desplazó la guerrilla”, dijo. “Luego llegué a Cúcuta y pasé a Venezuela, de donde también ahora me sacaron; el presidente prometió ayudarnos pero estoy en la miseria”, dijo este deportado.
Las 23 familias que piden ayuda recibieron al igual que otras 6 mil deportados tres meses de arriendo, trabajo y capacitación en el Sena, pero dijeron que no encuentran oportunidades laborales en Cúcuta.
“Somos papás y abuelos que estamos pasando necesidades y viviendo en los parques”, explicó Rivera Gómez.
Ayer, el secretario de gobierno, Óscar Gerardino, se comprometió a apoyarlos temporalmente con alimentos y un albergue a la espera de un encuentro el martes con la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo.
Francesco Bortignon, director del Centro de Migraciones, dijo que el refugio está siendo remodelado y no está en condiciones óptimas para su uso, pero que tuvo que recibirlos por la presión y por su deber misional de ayudar a los refugiados.
La Opinión