Por estos días, el escritor colombiano Juan Esteban Constaín se encuentra en Roma, Italia, ciudad que conoce bien, en la que ha vivido, que ama, y en la que se ha vuelto sumergir en su historia para su ambicioso proyecto editorial: ‘El hijo del hombre’.
Tras el encierro que provocó la pandemia del Covid-19, toda la angustia, la incertidumbre y la ansiedad que generó, Constaín pudo volver a Europa y encontrarse con sus hijas mayores en ‘La ciudad eterna’, lo que sin duda renovó su amor por sus calles, su historia y legado, lo que le animó a volver al ensayo literario y emprender una nueva aventura en la escritura.
Lo que esperaba fuera un trabajo de no más de 20 páginas sobre el origen del cristianismo con el Imperio Romano y el mundo antiguo griego, se fue transformando en un proyecto entre la historia y la literatura, que hace algunas semanas fue publicado, ‘El hijo del hombre’, superando las 500 páginas y aún teniendo mucho qué investigar y qué contar.
Una delicada, profunda y entretenida reconstrucción del escenario y los elementos indispensables para el surgimiento de la religión que cambió el rumbo de la humanidad, con ese encuentro entre Grecia, Roma y el judaísmo del Segundo Templo.
Mientras que el mundo vive de distintas formas la Semana Santa o Semana Mayor, Juan Esteban Constaín se encuentra en Roma buscando algún rincón en un templo pagano para dejar allí un ejemplar de este libro, quizás como un tributo a una historia que quiere seguir narrando.
DE REGRESO A ‘LA CIUDAD ETERNA’
-En algunas semanas lanzará el libro en Europa. ¿Qué sensación le genera este hecho, teniendo en cuenta que este tipo de historias habitualmente nos llegan desde Europa, y no al revés?
Parte del orgullo que me da con lo que está pasando, y pueda pasar con el libro, sobre todo en Europa, tiene que ver con eso, y es que existe un prejuicio eurocéntrico sobre quienes sí pueden contar ciertas cosas y quienes no, y una de esas cosas es, por ejemplo, la historia antigua, la historia sagrada, la historia del Cristianismo, cuando resulta que si hay un tema universal es ese, cuyas consecuencias nos siguen determinando de tantas maneras a todos, pero además, si uno se pone a ver la distancia cultural y lingüística entre Europa y el mundo antiguo, y nosotros y el mundo antiguo, es más o menos la misma.
Mi libro también aspira a desmontar el prejuicio eurocéntrico o la exigencia eurocéntrica de que sean solo ellos los que cuentan esa historia que tiene que ver con todos.
Por supuesto, uno no puede negar una tradición historiográfica e investigativa en la que los europeos han hecho grandes descubrimientos y han hecho aportes determinantes en la comprensión cada vez más precisa y compleja de la antigüedad en general y de los orígenes del Cristianismo.
La literatura hace universal cualquier tema, desde su barrio y su esquina, hasta la Palestina o la Judea del siglo I cuando se da la irrupción del Cristianismo.
Que sea editado en países como España demuestra que existe un interés que nos hace pensar que ese prejuicio de eurocéntrico de pronto también lo cultiva más uno que ellos, porque a partir de lo que ha sido la recepción del libro hasta ahora, lo que veo es una actitud de gran amabilidad de interés y curiosidad sin antipatía.
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-En Colombia lleva publicado unas semanas y tres ediciones. ¿Ya ha tenido la retroalimentación de sus primeros lectores?
Ha habido una respuesta abrumadora, sobrecogedora, para mí muy honrosa y muy feliz. Para mí la dicha de este libro estuvo en hacerlo. Yo siempre he disfrutado mucho la experiencia de la escritura y he disfrutado mucho todos los libros que he escrito. No tengo el famoso temor de la página en blanco, ni nada de eso y quiero mucho todos mis libros, pero este para mí significó un placer distinto, un disfrute de principio a fin por todo lo que pude leer, releer, destilar en el texto, y sí me producía un gran curiosidad la respuesta que pudiera darse entre los lectores, sin ansiedad de nada.
Hay un gran interés por los temas religiosos. Hay un gran interés en el Cristianismo. Por el otro lado, estarán también los lectores de mis libros, los que me siguen en la columna o en en el programa de radio de Calamares en su Tinta, pero también la gente que es escéptica, los ateos, porque es un tema que interpela muchos públicos, y eso se está expresando en las ventas.
La reacción de los lectores se va a demorar un poquito más, aunque ya empiezo a tener unas pistas por lo que me escriben en las redes sociales, por lo que me han escrito quienes ya se han leído el libro que por fortuna ha sido una respuesta muy positiva.
No es un libro apologético que busque convertir ni persuadir a nadie de nada. Tampoco es un libro escandaloso como hay muchos que tienen que ver con las cuestiones religiosas, este no es un libro que aspire a revelar misterios ni a ahondar en los grandes enigmas.
Es un ensayo histórico y literario sobre los orígenes del cristianismo y sobre cómo una secta mesiánica del judaísmo del segundo templo, se volvió un fenómeno universal que conquistó el imperio romano y esa historia pues llega hasta nuestros días y los determina.
MÁS DE DOS MIL AÑOS DE HISTORIA
-¿El origen del mundo que vivimos?
Exacto. Incluso más allá del ámbito de la civilización cristiana, todo el mundo está determinado por las consecuencias de esa historia que empieza allí en Judea en el año cuatro o seis antes de Cristo cuando nace Jesús, pero también todo su entorno, porque no es coincidente que el cristianismo y el imperio romano empiezan en el mismo momento.
-Un ‘Hijo del hombre’ que a lo largo de los siglos ha tenido un cambio de imagen de manera constante…
Desde el punto de vista de la imagen, uno piensa en un Jesús ya muy establecido y arquetípico, el Jesús barbado en la antigüedad que lo llamaban el Jesús sabio, el Jesús filósofo, que fue la imagen que se terminó estableciendo, pero en los primeros tres siglos la imagen de Cristo estaba asociada muchas veces, por ejemplo, a un bardo y semidiós griego, que es Orfeo, o está asociado a Hércules, entonces hay un diálogo muy interesante entre el primer cristianismo y la mitología griega incluso para definir la imagen misma de Jesús, que ahora ya quedó convertido pues como en una versión desleída o de Marco Antonio Solís o de Diego el Cigala, pero en los primeros tiempos del cristianismo, el Jesús que uno se encuentra no tiene nada que ver con el que uno se imagina.
National Geographic tiene un artículo recurrente que es ‘Descubierta la imagen verdadera de Jesús’, porque encontraron los restos de un contemporáneo de Cristo en esa misma región, entonces pudieron reconstruir la imagen del portador de esos restos, y cuando lo revelan es un poquito como el Bolívar de Chávez, que no tiene nada que ver con lo que la gente se imaginó de Cristo.
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-¿Hay mucho de mito en torno a todo lo que se ha contado sobre la persecución de los cristianos en esos primeros años?
Sí, lo que no quiere decir que no hubiera habido una persecución implacable a los cristianos, sobre todo en los siglos segundo y tercero, de lo que ya llamamos la era cristiana incluso a principios del siglo IV, pero ya menos, hay una persecución implacable del Imperio Romano al Cristianismo. Pero luego, como todos esos relatos del martirio cristiano fueron un insumo muy potente para que los escritores románticos del siglo XIX sobredimensionaran el mito de la persecución, que insisto, no es que no fuera cierta, pero en el romanticismo había la necesidad de darle un tinte clandestino a la vida de los cristianos bajo la dominación romana.
De ahí, surgió la idea falsa de que las catacumbas eran los cementerios de judíos y cristianos a las afueras de Roma ,y en las ciudades del imperio romano, que luego se convertiría en un refugio para que los cristianos se protegieran. Esa idea se volvió tan seductora desde el punto de vista literario, que hoy en día mucha gente cree eso, y es imposible desmontar el mito de la persecución de los cristianos en las catacumbas o los echaban a los leones en el circo o estaban huyendo de los soldados romanos.
Es una idea un poco adulterada de la realidad histórica que incluye de todas maneras una persecución muy dura que llega como al clima máximo a finales del siglo III, hasta cuándo aparece Constantino, que es el emperador que dice, en vez de perseguir a los cristianos, lo que tenemos que hacer es aliarnos con ellos al ser una fuerza política y electoral, haciendo una coalición muy exitosa con el cristianismo.
-Sin duda, el gran protagonista de todo esto, detrás de Jesús, es Pablo…
Un genio del mercadeo y de la estrategia política. Sin banalizar su imagen en términos históricos, teológicos y culturales, es un personaje de una relevancia imposible de exagerar, porque Pablo es quien entiende que el mensaje de Jesús, por su naturaleza, tiene que salir del ámbito ritual y sectario de la comunidad Judeocristiana, de los judíos que creen en Cristo, pero que insisten en que la revelación cristiana está instalada en el corazón de la revelación monoteísta del pueblo de Israel y que ahí debe permanecer. Es Pablo quien dice no, realmente esa revelación de Cristo lo que hace es completar la del judaísmo, pero para que esa consumación se dé, tenemos que llevarla al corazón de los gentiles. Ahí viene toda la prédica Paulina al mundo griego, romano, en lengua griega, y con las categorías mentales de la cultura pagana y politeísta.
Un ejercicio intelectual prodigioso, porque lo que hace Pablo es usar no solo la lengua de la cultura griega, sino usar también el lenguaje de esa cultura que estaba enraizado en la literatura, la filosofía, y ese diálogo es el que empieza a producir un ensanchamiento del mensaje cristiano que se va regando por el mundo pagano, y son esos paganos los que se convierten al cristianismo, los que van a dar la clave de por qué el cristianismo, que es la pregunta que quieres responder mi libro, es una religión universal cosmopolita que a la vuelta de tres siglos conquista el imperio romano.
-¿Un legado más allá de la religión?
Esa civilización cristiana después del siglo XV es también la base de un proceso político, cultural, económico, expansivo de las potencias europeas en el momento en el que está surgiendo la modernidad que hacen que en los valores de la civilización cristiana lleguen al mundo no cristiano y nos sometan en un momento dado, pugnen con él, pero hasta el día de hoy, en esas civilizaciones o en esos mundos, hay una influencia de valores cristianos, de prácticas del cristianismo tan profunda que cuando llega la Navidad, esa es una celebración universal, de la que no se puede sustraer nadie, incluso en ámbitos no cristianos.
-¿Queda mucha historia que contar sobre el cristianismo?Hay muchas cosas que todavía podían entrar en este mismo libro. No solo la cuestión cronológica, que en el libro podríamos decir que va desde Alejandro Magno hasta San Pablo, aunque mi intención era llegar hasta Constantino pero me quedé a medio camino por la extensión, por lo que dejamos tema para un posible segundo libro, lo que me ha permitido seguir de largo con la investigación y la lectura, no quiero salir de este mundo antiguo todavía.
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