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Editorial
¡Ya no más!
Cúcuta no merece lo que le está pasando.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 15 de Diciembre de 2021

El desbordamiento de la violencia generada por la exacerbación del conflicto armado en Norte de Santander, está convirtiendo al aeropuerto internacional Camilo Daza de Cúcuta en punto de ataque de los grupos armados ilegales con sus acciones terroristas para generar zozobra y miedo mediante la urbanización de su ‘guerra’ contra el Estado y los habitantes de esta ciudad fronteriza.

Marcar la temporada decembrina con una operación demencial como la ocurrida ayer, donde fueron asesinados dos policías al ser accionado uno de los artefactos explosivos usados en el atentado, es muestra de que hay una estrategia de los violentos, dirigida a la desestabilización de la capital nortesantandereana.

La ciudadanía cucuteña debe levantarse y decirle no más al terrorismo. No más al crimen organizado. No más a las organizaciones criminales. No más a la inseguridad. No más a las mafias del narcotráfico que es una de las alimentadoras de violencia con sus ‘dineros calientes’ generados por el tráfico de cocaína.

Hay que rechazar esta demencial forma de actuar, en la que no se miden consecuencias sino que busca infligir el mayor daño posible tanto en pérdida de vidas humanas como en destrozos materiales, con el fin de intentar mostrar un oprobioso trofeo de triunfo pírrico sobre la institucionalidad.     

El Derecho Internacional Humanitario señala que la población civil no puede ser involucrada en el conflicto por los grupos armados ilegales, razón por la cual la reciente incursión con explosivos en el Camilo Daza, es violatoria del mismo, pues se trata de un aeródromo para la operación de aeronaves comerciales.

O sea, que en una trágica eventualidad y llegara a producirse la explosión de algún tipo de artefacto justo cuando pasaran por la pista aviones en maniobras de despegue o aterrizaje, lo que se produciría sería un dantesco cuadro de terrorismo, parecido a los de la época del capo del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria.

Para que eso no vaya a ocurrir, es indispensable que se disponga de un plan especial para vigilar y resguardar la más importante terminal aérea colombiana en la frontera colombo-venezolana.

Activar patrullajes permanentes por parte de unidades militares y policiales por la zona perimetral del aeropuerto cucuteño conduciría a prevenir nuevas acciones como la del 14 de diciembre o aquella en que francotiradores se situaron para intentar derribar el helicóptero en que llegaba el presidente Iván Duque.

Pero esto debe convertirse en una rutina de presencia y control para lo cual es indispensable activar operativos permanentes con patrullas bien dotadas  de armamento, equipos de  comunicaciones y de transporte, para estar alertas ante cualquier acción. Pero al mismo tiempo, hablando desde el punto de vista operativo, hay que emprender acciones de inteligencia y fortalecer ese frente, con el propósito de anticiparse a las acciones de este enemigo que se cubre con el factor sorpresa y al que no le importan los daños colaterales que ocasione.

Cúcuta no merece lo que le está pasando y mucho menos el Estado puede dedicarse a convocar consejos de seguridad en los que se dictan medidas que finalmente no se cumplen o poca efectividad logran, ya que eso es jugar a lo que quienes desde el terrorismo quieren, que es mostrar un debilitamiento de la fuerzas gubernamentales. 

Ni lo uno ni lo otro puede permitirse que ocurra. Contra el terrorismo somos más y la unión y el apoyo a la Constitución y las leyes son fundamentales en este momento en que las mismas son retadas desde las sombras del terror.  

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