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Editorial
Voto informado
Si usted se queja del continuismo y está cansado de los mismos con las mismas, deje de quejarse y vote.
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Viernes, 25 de Octubre de 2019

Llegó el momento de las definiciones. Así de sencillo. Continuismo o no. Mañana 27 de octubre es el día de la cita con la democracia a la cual están invitados 1’233.750 potenciales electores en Norte de Santander.

Hay ocho horas para que la conciencia vaya a los cubículos y el elector marque el tarjetón, en una gran oportunidad para producir ese cambio que muchos anhelan, pero que por diversas circunstancias se hace lejano.

Indefectiblemente debe moverse esa franja abstencionista, que en los comicios locales de hace cuatro años en Cúcuta alcanzó el 42% y en Norte de Santander se situó en el 41%. Pero debemos admitir que eso es un promedio difícil de mover.

Si ese bloque supiera, o mejor, entendiera que en lugar de quedarse en la casa el salir a votar provocaría una  demoledora pero pacífica revolución política, todos estarían prestos a marchar para atender su deber ciudadano.

En ese sentido, al hablar del llamado voto informado, es casi que una excusa baladí afirmar desconocimiento sobre los candidatos (¡12 para Alcaldía de Cúcuta! y cuatro para la Gobernación) o de las propuestas, hojas de vida y el claroscuro de sus perfiles.

El bombardeo incesante a lo largo de esta agitada campaña electoral tanto en los medios de comunicación tradicionales y alternativos, al igual que en las redes sociales llevaron a tener información suficiente como insumo para que los votantes en Norte de Santander y Cúcuta se inclinen por tal o cual candidatura y si ninguna les place, pues vayan a la otra opción democrática que en el tarjetón es conocida como el voto en blanco.

Si usted se queja del continuismo y está cansado de los mismos con las mismas, deje de quejarse y vote. 

Si considera que la región debe cambiar de rumbo, actúe consecuentemente y vaya a votar. 

Si es de los que en Facebook y Twitter descarga la ira contra la clase política tradicional, venga al mundo real y haga sentir su voz en las urnas. 

O si es de los que dice, aquí ya sabemos quién va a ganar, el rey dinero que lo compra todo y no hay nada qué hacer contra los corruptos, cambie esa forma de pensar y alístese para irle a cumplir a las futuras generaciones ayudando a construir un mejor hoy que se reflejará en un menos traumático mañana.

Ese 15,1% de indecisos que hasta hace dos semanas no sabían por quién votar a la Alcaldía de Cúcuta y el 29,8% que tenían la misma duda frente a la Gobernación, es recomendable que dejen la apatía y no permitan que todo siga pasando sin que al menos hayan hecho un esfuerzo para apostarle a remover los cimientos de la corruptela y el fraude, al igual que  sacudir a las castas electorales que se creen dueñas del poder local.

En este particular, mucha razón tiene el historiador británico Tony Judt cuando afirmó: “por qué es importante la votación: porque, como sabían los griegos, la participación en la forma en que se nos gobierna no solo aumenta el sentido colectivo de responsabilidad por los actos del gobierno, sino que también contribuye a que los líderes se comporten honestamente”.

La pasividad electoral tiene que acabarse. Al ciudadano que se acostumbró a que otros decidan por él, le llegó el momento de acabar el juego abstencionista y dar la pelea votando, para de esa forma poder exigir con contundencia y argumentación.

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